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No es el final

Tiempo de lectura 2 min.

08 de agosto de 2017. 21:17h

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Irene Villa 8/8/2017

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España sigue conmocionada y sin terminar de asumir el inesperado fallecimiento de la leyenda del deporte Ángel Nieto. Cuesta asumir que el precursor del motociclismo, 12+1 veces campeón del mundo, 90 grandes premios, genio de las motos, gran carisma, pionero, padrino e impulsor de la competición y pasión por las motos a nivel mundial, se haya marchado justo cuando disfrutaba de un gran momento vital en su querida Ibiza.

Pero es que tampoco somos capaces de asumir la pérdida tan repentina de cualquier ser humano en un accidente del tipo que sea (y mucho menos cuando es alguien quien osa conscientemente truncar la vida de otro ser humano). Desde aquí toda la fuerza del mundo a los familiares y amigos de los cuatro españoles y el conductor indio que murieron el sábado pasado al chocar el minibús en el que viajaban con un camión en el sur de la India. Eran andaluces, amigos y colaboradores de la Fundación Vicente Ferrer y visitaban asiduamente los proyectos en la India para conocer a los niños a los que apadrinaban y a las mujeres del proyecto «De mujer a mujer». También ánimo a los que están todavía recuperándose de las heridas del accidente.

Einstein pensaba que la muerte no era absoluta ya que «existe también la vida». Es difícil asumir esa pérdida irreparable, sobre todo cuando es a destiempo y de forma impredecible. Pensamos que la muerte no es el final, de alguna forma esas personas que dejan un vacío enorme siguen vivas en nuestro recuerdo, en nuestros pensamientos. Pero hemos de aprender a asumir, a soltar, a superar... es la dura travesía de eso que llamamos duelo y que empieza por la negación (no es posible, no me lo creo), negociación (trato con la vida, con Dios, nueva conducta defensiva), depresión (ideas negativas, angustia), ira (enfado, rebeldía, rabia) y aceptación (renunciar a esa realidad que ya no existe, es cuando por fin llega la paz). Y sí, llegamos a aceptar que ya no está, pero nos resistimos a asumir que sea el final.

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