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Nuevo estadista

Tiempo de lectura 4 min.

16 de mayo de 2017. 21:41h

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Alfonso Ussía 16/5/2017

El debate a tres bandas de los candidatos a la Secretaría General del PSOE resultó entretenido y clarificador. Mucho más brillante en los alfileres verbales Susana que Pedro. Su «no mientas, cariño», descolocó al desubicado. También la pregunta de López, «Vamos a ver, Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?», desconcertó sobremanera al abonado a las derrotas. Si Pedro Sánchez se hubiera atrevido a responder a la pregunta de López con un improvisado «no, Pachi, no tengo ni puñetera idea», habría ganado puntos. Pero es hombre de obsesiones tostonas más que de brillantes respuestas cínicas. Pronunció en más de treinta ocasiones la voz «abstención», lo que da idea de su falta de ellas. No encesta. Fue un jugador de baloncesto entregado y corajudo, pero muy torpe en los encestes. En un debate, que siempre es formato fraudulento, o se encesta o no hay nada que hacer. López encestó de tres puntos en diferentes momentos, y Susana Díaz estuvo más certera en los lanzamientos que Sánchez. Treinta abstenciones y ningún balón encestado. Se entiende que su entrenador de baloncesto le recomendara, en su día, que se afanara en buscar otro rumbo para su vida alejado del deporte de la canasta.

Pero se produjo un milagro gracias a la inconsistencia argumental de los protagonistas. Y el milagro no es otro que Pachi López, cómodo en su papel de pacificador, pareció un estadista. Es más, un estadista generoso. «Me parece muy bien, Pedro, que si no tienes ideas, copies las mías». No es cuestión de preferencias, sino de constataciones. Para un observador independiente, alejado del PSOE, Sánchez fue de nuevo el derrotado. Susana Díaz interpretó bien su papel y Pachi López se lo pasó en grande tocando el violón de la reconciliación y el futuro. El problema de Sánchez –y ahí Susana encestó de tres puntos con tiro adicional–, es que muchos de los que le apoyaron y acompañaron ya no no creen en él. Y los de Podemos, que en el fondo son los suyos, no le ayudan cuando reconocen que su candidato favorito es él. El candidato de la España plurinacional, que es sandez insuperable.

De todas maneras, no se llevan bien. Eso lo reconoce cualquiera. Sus corazones no laten al unísono, esa compenetración vascular que tanto gustaba al genial P.G. Wodehouse. Cuando, para cubrir las apariencias, Susana y Pedro se besan en el carrillo, sus miradas se concentran en las orejas del otro, evidenciando un incontenible deseo de mutilación. Harían bien en sentirse preocupados. Entre Susana y Pedro han convertido en estadista al político con menos dotes de estadista de los últimos 87 años. Ésta, y no otra, es mi conclusión del debate.

En el rifirrafe – fue un rifirrafe–, que mantuvieron Susana y Sánchez, ganó Susana. Una mujer lista siempre vence con argumentos o ironías a un hombre listo. En este caso, la diferencia fue más destructora. Una mujer lista bloquea sin dificultad a un hombre de no sobrada inteligencia. Recordar con voz angelical al adversario que ha sido el responsable de cosechar los peores resultados electorales del PSOE en la democracia, no se desactiva con la reiteración de la «abstención», porque precisamente ese resultado paupérrimo de Sánchez es el origen de todos los males que el PSOE lleva en sus pesadas alforjas.

En pocos días conoceremos los resultados. O un PSOE socialdemócrata, europeo y universalista, o un PSOE entregado al jugador que no encesta y se quiere cambiar de equipo. Y entre uno y otro, el nuevo estadista López, la reencarnación de Konrad Adenauer en la Ría de Nervión, por donde bajaron las gabarras del Requeté y las del Athletic de Bilbao tiempo atrás, bastante tiempo atrás, chunda-lachunda-lachún.

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