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Nunca penar a las víctimas

Tiempo de lectura 2 min.

07 de agosto de 2017. 02:15h

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Paloma Pedrero 7/8/2017

Escribo este artículo sin noticias definitivas de la ley. Pero si la ley tiene un poco de sentido común, de flexibilidad y de humanismo, tiene que arreglárselas como sea para que Juana no tenga que entregar a sus hijos a ese padre maltratador. Porque, y eso ya es vox populi, un padre enfermo de violencia social, no debe de ninguna manera estar con unas criaturas indefensas y, menos aún, educarlas en su maldad. ¿Recuerdan los casos últimos de hombres que han matado a sus retoños por vengarse de su ex mujer? Ese peligro existe siempre y cuando el desatino machista domina cualquier forma de actuación. Y Arcuri, el italiano que amenaza a Juana con hundirla, porque tiene dinero y buenos abogados, dice, es un individuo en riesgo de ejercer la violencia contra inocentes. La Fiscalía no puede dejar que se entreguen esas dos criaturas a un hombre así. Para colmo de males la madre no puede vivir en Italia, ¿cómo podría? Una mujer maltratada tiene que estar lo más lejos posible de su verdugo y tiene, además, que estar protegida física y mentalmente. Su ciudad, sus gentes, su familia, son los que pueden hacer que Juana comience a recuperarse de este horror que ha vivido durante unos años. Ahora ella está enferma, algo natural en su situación, y hay que ayudarla desde lo privado y lo público. Si un abogado cometió un error, rangos superiores de la Justicia han de rectificarlo. Nunca penar a las víctimas. Porque ese error, si no se corrige, podría ser trágico. Las redes se han llenado de la frase «Juana está en mi casa». Acertada sentencia si la casa es el corazón de la gente de bien.

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