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Ortega sobre Cataluña

Tiempo de lectura 4 min.

10 de septiembre de 2017. 23:15h

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El discurso de Ortega sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña es citado de forma permanente, y su famosa frase sobre lo que denomina el problema catalán es una de las referencias más utilizadas. Recordemos la cita: «Yo sostengo que el problema catalán, como todos los parejos a él, que han existido y existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar, y al decir esto, conste que significo con ello, no sólo que los demás españoles tenemos que conllevarnos con los catalanes, sino que los catalanes también tienen que conllevarse con los demás españoles». Lo calificaba como «un problema perpetuo, que ha sido siempre, antes de que existiese la unidad peninsular y seguirá siendo mientras España subsista». Sus palabras siguen vigentes más que nunca. Cataluña seguirá siendo un problema para España y esto lo convierte en un problema español que hay que sobrellevar con inteligencia. No puedo estar más de acuerdo con el autor. El problema perdurará mientras España subsista y a nadie le puede caber la menor duda de que España subsistirá, y con ella Cataluña como parte integrante de la misma. Pero el filósofo dijo algo más, identificó la raíz del problema en lo que denominaba nacionalismo particularista, al cual definía como «un sentimiento de dintorno vago, de intensidad variable, pero de tendencia sumamente clara, que se apodera de un pueblo o colectividad y le hace desear ardientemente vivir aparte de los demás pueblos o colectividades». Como amante de la unidad europea, contraponía «a las grandes naciones que anhelan adscribirse, integrarse, fundirse en una gran unidad histórica, en esa radical comunidad de destino» con otros pueblos «que sienten, por una misteriosa y fatal predisposición, el afán de quedar fuera, exentos, señeros, intactos de toda fusión, reclusos y absortos dentro de sí mismos». Enfatizaba que este nacionalismo particularista encontraba una fuerte atracción en un extraño deseo de vivir a parte, muy alejado de los grandes nacionalismos de las grandes naciones. Sus palabras encuentran en este momento un vigor y actualidad irresistibles, aunque él mismo ya proponía soluciones. Decía que este nacionalismo en el que anida este deseo de vivir a parte no es compartido por muchos catalanes, los cuales siguen queriendo vivir con España. Por ello proponía la búsqueda de una nueva forma de conllevarnos al entender que esta parte del problema era soluble y lo sigue siendo. Mas en su época y también ahora esto topa con la parte irreductible, el nacionalismo, que en la actualidad además de particularista ha tornado en radical, adquiriendo una fuerza huracanada que dura sólo unos días, pero que puede causar mucho daño a su paso. Terminaba expresando que el nacionalismo requiere un alto tratamiento histórico. «Los nacionalismos sólo pueden deprimirse cuando se envuelvan en un gran movimiento ascensional de todo un país, cuando se crea un gran Estado, en el que van bien las cosas, en el que ilusiona embarcarse, porque la fortuna sopla en sus velas». Y esto es lo que ocurre ahora en España. Los enemigos del nacionalismo catalán son un buen libro de historia, el progreso y el bienestar.

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