Historia

Historia

Podemos liarla

La Razón
La RazónLa Razón

La checa Madeleine Albright, secretaria de Estado tras haber sido embajadora estadounidense en Naciones Unidas, relata en sus memorias su viaje a Corea del Norte para convencer a Kim Jong-il, padre del niño mórbido de hoy, de una visita de buena voluntad de Bill Clinton al país más hermético del mundo. Camino de la residencia del autócrata Madeleine se extrañó ante el representante oficioso que la acompañaba: «Para ser un viaje semisecreto se han excedido en el protocolo». «¿Por qué?». «Porque han cortado el tráfico en el centro de la capital para que pasemos nosotros». «No, señora; el tráfico es el de todos los días. Aquí solo circulan los coches del partido y el ejército». Es cierto que las grandes urbes llevan tiempo planteándose los problemas de aglomeración y contaminación automovilística, pero los experimentos los hacen avisando previamente, con moderación y gaseosa, tanteando soluciones y consultando a los expertos. Madrid tiene dos arterias y achicar una de ellas (en Navidades, no en agosto) supone trombos y agonías del sistema circulatorio en los aledaños con grave perjuicio para quienes trabajan en el área. Manuela Carmena no se merece los chistes crueles que circulan a su costa, ya que ella misma sabe que es un florero al que la alegre muchachada que rige la ciudad ha privado del lujoso retiro que se había procurado. Querían con ella emular la popularidad de Tierno Galván y la han sumido en el descrédito y el ridículo. Lo que maneja Pablo Iglesias es un rompecabezas con más jefes pendejos que indios, donde el meritoriaje está ausente. No son mala gente; son analfabetos funcionales con carrera, o sin la ESO. Es pavoroso el porcentaje de podemitas en el Congreso, el Senado, los municipios o las autonomías que han encontrado en su cargo electo su primera fe de vida laboral, a lo que suman una precariedad de estudios preocupante. La acepción es horrorosa, pero estos han encontrado en la política un «nicho de empleo» y sirven a sus votantes a menudo desde una aparente idiocia u ocurrencias de aprendiz de brujo como el estrangulamiento de la Gran Vía, que merece otra zarzuela. Creen que el automóvil particular es aún artículo de lujo y se satisfacen ante ociosos paseantes con dinero en el bolsillo mientras los descargadores se desloman, el turismo arrastra maletas, los empleados llegan tarde y sudorosos y los estacionamientos se despueblan. El sueño de Pyongyang. Perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen.