jueves, 17 agosto 2017
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Columnistas

La fórmula de «un militante, un voto» es buena, pero comporta riesgos. Y el resultado hasta ahora ha sido agridulce y siempre bajo el peligro de dividir a los partidos, como ha quedado patente en el PSOE. La apertura de vías de participación de los afiliados en la vida de las siglas es, a estas alturas, incuestionable. Sin embargo, la experiencia ha evidenciado el riesgo de encumbrar a líderes sin demasiada cultura de la responsabilidad y prestos a asumir actitudes con el único objetivo de mantener el poder. Para atornillarse como secretario general, Sánchez fue capaz de situar al Comité Federal del partido ante el apremio de apoyarse en las bases a través de una consulta sobre pactos postelectorales. Ese era su objetivo, pues tenía prácticamente imposible alcanzar La Moncloa. Lo intentó el 20-D, a pesar del mal resultado electoral cosechado y pretendió idéntica operación el 26-J desde la escasa base de 85 diputados. El tira y afloja de Sánchez con los barones abocó al PSOE, tal y como se ha visto, a la fractura.

La apuesta de futuro de Susana Díaz pasa por un liderazgo –y es literal– sin «poderes especiales». Esto es, priva al secretario general de recurrir a su antojo a los militantes para refrendar sus propuestas y propone mecanismos para regular las consultas. Según el equipo de la andaluza, se trata de hacer compatible la democracia representativa y el mayor protagonismo del voto de las bases, aunque evitando que el jefe de filas caiga en una suerte de modelo «cesarista». Los «se está pasando» o «pretende destrozarnos» han venido oyéndose en la candidatura de Díaz, pero también en la de López, respecto a Sánchez, quien, prometiendo el empoderamiento de las bases, ha alimentado las vísceras de sus seguidores en mítines contra los «notables». El ex secretario general no se detiene ante nadie. Algo burdo ha sido su reiterado intento de sacar de la carrera al ex lehendakari. Sánchez aprovechó su debilidad para lanzar una OPA en toda regla a la candidatura del vasco. Jamás tuvo en mente integrarlo, sino hacerse con el botín de sus menguantes apoyos. Esos que pueden inclinar la balanza en una apretada carrera. Y López lo sabe. A duras penas ha logrado cerrar actos en el tramo final de estas primarias, más allá de los ya programados con bastante antelación.

Por lo pronto, el golpe de efecto del ex secretario general con la recogida de avales logró abrir entre los apoyos territoriales del ex lehendakari una seria reflexión para repensar sus posiciones, sobre todo ante futuros procesos congresuales en sus respectivas federaciones. ¿Qué sentido tiene montar el caballo perdedor? Ha sido el caso de Francina Armengol, quien, según diversas fuentes, esperaba que López arrojase la toalla por su propio pie o, en su defecto, los medios de comunicación le presionasen para dar un paso atrás. No tuvo éxito. Tras protagonizar en primera persona diversas filtraciones, después de algunos disparos al aire entre bambalinas, la presidenta de Baleares tuvo que verbalizar su regreso al sanchismo. Dejó pasar el debate entre los tres candidatos, aunque lo justo. Apenas unas horas. Buscando, entre otras cosas, dejar a López con los únicos votos del País Vasco. Hay estos días previos a las urnas mucho movimiento soterrado en Murcia, Madrid o Andalucía. La maniobra, a pesar de las apariencias, ha disgustado y de qué manera al político vasco. Aquí, al final, un puñado de votos desempatará la carrera.

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