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Tomar partido hasta mancharse

Tiempo de lectura 4 min.

06 de noviembre de 2017. 04:27h

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Tomás Gómez 6/11/2017

No hay ninguna duda de que la Sra. Carmena ha iniciado su precampaña electoral. En los próximos días realizará una gira internacional, con sendos viajes a México y a El Vaticano y pondrá la guinda de su actividad internacional entrevistándose en su despacho con el Sr. Rivlin, presidente de Israel y el Sr. Abbas, presidente de la Autoridad de Palestina.

Parece que una de las razones que animan a la Sra. Carmena a continuar su periplo por la política es el desarrollo de la operación Chamartín. En julio, alcanzó un acuerdo definitivo que presentó conjuntamente con el ministro de Fomento, el Sr. de la Serna, que casualmente acumula muchas opciones para competir por la alcaldía de la capital de España.

La coalición que encabeza la alcaldesa ha girado 180 grados con respecto a este proyecto, pasando de un no rotundo en su programa electoral, a convertirlo en el proyecto estrella de la alcaldesa. Esta cuestión le ha generado no pocos enfrentamientos internos en Podemos al gobierno municipal, pero parece que la Sra. Carmena los ha ganado.

Sea como fuere, la decisión de continuar supone un respiro para el Sr. Iglesias. Anda sumido en un proceso de ruptura interna que tiene dos ejes de división: uno principal, errejonismo frente a pablismo y de otra parte, Podemos sólo cuenta con pulso electoral en Madrid y en donde ha establecido confluencias con diversos movimientos, algunos nacionalistas, como las Mareas y otros de carácter más personal y populista, como la Sra. Colau en Barcelona.

La consecuencia de todo esto es que si el Sr. Iglesias quiere frenar la descomposición de Podemos, necesita apoyarse en dos bastones de mando, las alcaldesas de Madrid y de Barcelona.

Sin duda es una relación simbiótica, la Sra. Colau necesita a Podemos como muleta de su propio proyecto político y de sus ambiciones. Sin embargo, al igual que no tuvo reparos en afirmar en múltiples apariciones televisivas, a las que acudía como activista anti-desahucios, que nunca entraría en política, y al poco tiempo encabezó la lista barcelonesa, tampoco los tendrá en desprenderse de la formación morada cuando entienda que le resta más que le suma.

Algo parecido le ocurre a la Sra. Carmena, que desprecia a una buena parte de su gobierno, con el que «no se entiende», pero sabe que sin los podemitas no podría repetir en sus aspiraciones.

Los «independientes» son percibidos como activos por las organizaciones políticas. El clima de opinión que se ha creado en España denosta a los afiliados a partidos y premia a aquellos que se mantienen distantes respecto a estos.

Todos ganan en principio, ser candidato independiente asegura el trabajo y el respaldo de la organización y evita ser manchado por las cuestiones internas y, por su parte, el partido consigue llegar a sectores más amplios electorales con estos perfiles.

El PP apostará, con mucha probabilidad por un ministro como el citado, pero la decisión importante la tienen que tomar los socialistas. En el nuevo PSOE las decisiones se toman en la planta cuarta de la calle Ferraz, allí barajan dos nombres, el de la Sra. Narbona y el del Sr. Gabilondo, pero aún no han decidido quién irá a cada institución en Madrid.

Si finalmente la opción es que el actual portavoz en la Asamblea de Madrid se enfrente a la alcaldesa, comprobaremos si la estrategia de competir por el electorado situado en el «antipartidismo» es suficiente para ganar al Partido Popular.

Impresiona cómo ha cambiado la izquierda desde aquellos versos de Gabriel Celaya que dicen: «Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse».

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