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Un acto con el corazón

José Vargas. 

Tiempo de lectura 4 min.

20 de junio de 2017. 12:33h

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José Vargas.  20/6/2017

Se cumplen 30 años del brutal atentado que los animales de ETA cometieron en los almacenes HIPERCOR de Barcelona. Como víctimas, tenemos que recordar la memoria de los que, como consecuencia de aquel salvaje e inhumano acto, se fueron. Les arrebataron lo más valioso que uno puede aportar a su familia y entorno: la propia vida.

Los que sobrevivimos y sólo fuimos heridos, soportamos en su día la indolencia de las Administraciones y la soledad de una sociedad que aún no había calibrado las secuelas, tanto físicas -estas se curan- como las psicológicas. Lo más triste de todo el proceso, es la actitud de nuestra clase dirigente que minutos después del sufrimiento vinieron a ofrecernos todo tipo de ayuda pero a los tres días se olvidaron (cada cual que se dé por aludido). Desgraciadamente, pocos dirigentes tienen la sensibilidad para arroparnos en los momentos más duros, se pueden contar con los dedos de una sola mano (o de dos).

Algunos critican el que se hagan tantos actos de recuerdo, estos mismos que, aunque hayan pasado 20 ó 30 años de aquel funesto episodio, nunca hemos visto por los actos de recuerdo por los hechos que critican y luego tienen la desfachatez de derramar lágrimas de hipocresía, para mayor gloria de su personalismo. Esta Asociación, ACVOT, cada año y desde hace muchos, hemos recordado y seguiremos recordando la memoria de las víctimas de aquella matanza en cuya organización estuvo el llamado “hombre de Paz”: el perverso Arnaldo Otegui.

Nuestro abogado Fuster-Fabra, hizo un estudio exhaustivo de las finanzas de ETA, su estructura, sus miembros, sus responsabilidades, sus vínculos. ¡Eso es trabajar por las víctimas del Terrorismo! Junto con Pedro Cerracin y Emilio Murcia y con la inestimable colaboración de Vicente Navarro.

Unas publicaciones periodísticas recientes, nos llaman la atención, pues parece que una abogada laboralista que nada ha hecho por el colectivo de las víctimas del terrorismo, se apunta al carro de los combatientes.

Otros, más centrados en su ego personal que en atender a las necesidades de las víctimas del terrorismo, también se apuntan méritos ajenos, y sólo les falta decir: “Yo desactivé siete Comandos de ETA”, Yo, yo y sólo yo. ¡Basta ya!

Si la emblemática abogado de las víctimas del terrorismo es una laboralista a la que nunca hemos visto en un juicio contra etarras –en los que sus seguidores te amenazan de muerte- es el referente de algunos mediáticos, todo la cuestión pasa a ser una broma. Nos preguntamos si hay algún estudio publicado con el titulo de “ETA: Convenios colectivos y despidos improcedentes, historia de un conflicto laboral”. Si es así que alguien nos lo hagan llegar. Aquí, según algún mediático, podría parecer que el conflicto de ETA se basa en problemas de despidos. ¡Hasta aquí!

A cada uno lo suyo, porque nuestro referente es el valiente y desinteresado Don José María Fuster-Fabra, abogado nuestro desde el primer día y en cuyo despacho profesional tuvimos, desinteresadamente, nuestra primera sede social. Ahora salen muchos sinvergüenzas apropiándose del trabajo de los mencionados anteriormente y les recuerdo que, en 1991 ya se hizo lo que después significó la Ley de Solidaridad de 1999.

Yo les diría que, siempre que se realice un acto en recuerdo de las víctimas, debe hacerse con el corazón y sin pensar en uno mismo. El valor y calidad de una democracia como la nuestra se mide por cómo ésta trata a sus víctimas y mientras nosotros las recordemos, por siempre permanecerán en nuestros corazones.

Sobran los engreídos.

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