jueves, 27 julio 2017
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Columnistas

Un bodegón en el Congreso

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Podemos es al parlamentarismo lo que los espárragos trigueros son a la gastronomía, brotes montaraces que han de digerirse asados a fuego alto y salados sin remilgo. Para espárragos, los de Diego Cañamero en la tribuna del Congreso de los Diputados y, para fritura, la de los jornaleros que el martes acudieron a vitorearlo desde la tribuna de los invitados. Podemos, primer escalón de esta cadena trófica, se hace cargo de la receta y de la táctica: sentarse al mantel de las elecciones y llenarse los estómagos con el voto campesino. El partido de Pablo Iglesias, en plena ejecución de la estrategia concebida en el pacto del botellín, intenta sacar así tajada de su alianza con Izquierda Unida (SAT) y su tupida red de jornaleros de «madrasa» que sirven igual de asaltadores de supermercados, soldadesca en las razias a las fincas, plañideros de huelga en los ayuntamientos o de jubiloso público en una tribuna del hemiciclo. ¿Que si da para tanto el campo andaluz? Aquí los relatos de los mártires brotan como las tagarninas en las fanegas. Pregúntenle si no al preso Andrés Bódalo, procesado por agredir a un concejal de Jódar y que se ha ganado el derecho a figurar como extraordinario ejemplar de la horticultura nacional. Lejos de los terrones de El Coronil o Marinaleda, en la carrera de San Jerónimo, tiene un escaño el mentor y modelo Cañamero, diputado por Jaén y por Bódalo, quien es venerado por los suyos como asilvestrada reliquia. Lo esencial aquí es el decorado, los focos, las cámaras y la acción. La política se convierte en un espectáculo pensado para un breve vídeo compartido por Internet, la barra de bar del podemita urbano. Lo demás, los ceporros, la remolacha, el rabanal y la esparraguera, es solamente el bodegón de hierbas de la bancada de Podemos.

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