lunes, 05 diciembre 2016
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Columnistas

Un tren para nadie

El próximo presidente de la República Francesa, François Fillon, adoptó hasta rebasada la sesentena un perfil bajo, de tecnócrata amable sin más aristas que su fama de meapilas. El carismático Nicolas Sarkozy, que fue su jefe durante un quinquenio, lo llamaba nada cariñosamente «Mister Nobody» (para mayor escarnio, en inglés), un apodo muy parecido al que acompañó al único socialista que ha ostentado el poder en Ajuria Enea: excelentísimo lendakari don Patxi Nadie. Enseña San Mateo en su Evangelio eso de «bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad». Pues resulta que este López, apenas bachiller e hijo de poeta, se está postulando para la secretaría general de un PSOE que dentro de poco deberá elegir entre el híper-liderazgo al estilo Sarko, ése capaz tal vez de movilizar a los partidarios pero que seguro que galvaniza a los odiadores, y la fuerza tranquila de un señor anodino que marque distancias con las estridencias extremistas de la política disolvente. A Mariano Rajoy no le va del todo mal así... Sorprende que en los mentideros andaluces, ni siquiera se contemple como hipótesis la conjura de Rubalcaba y Javier Fernández, a quien le han bastado seis semanas de convivencia en la Comisión Gestora para comprobar cuan poco exportable sería el socialismo meridional al norte de Despeñaperros: no cabía esperar menos de un ciudadano con sólida formación académica y amplio currículum fuera del partido. Entre los numantinos del no-es-no y el peronismo rociero hay una tercera vía que la materia gris que resiste en Ferraz pretende explorar, aunque sea sobre el lomo veleidoso de quien ha transitado varias veces el camino de ida y vuelta entre el constitucionalismo que pactó con el PP y la autodeterminación. Este tren tampoco va a ser.

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