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Una división que asusta

Tiempo de lectura 2 min.

28 de agosto de 2017. 03:48h

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Oficialmente el Gobierno de Rajoy no desea hacer ningún juicio político que pueda alborotar más a la sociedad catalana. Bastante convulsión sufre con el duro golpe que le han dado los terroristas hace sólo unos días. Por tanto, oídos sordos a las afrentas sufridas es la consigna. Nada quieren decir que enturbie la relación con las instituciones autonómicas de Cataluña y valga para ser utilizado por el separatismo para agitar el victimismo al que suele agarrarse y del que tanto rédito político obtiene.

Sin embargo, la preocupación es la tónica tras ver cómo se desarrolló la manifestación del sábado por las calles de Barcelona. Los silbidos continuos al Rey, los crispados ataques a los dirigentes del PP, a los ministros y al propio Rajoy, y la manipulación por parte del independentismo (llenando estratégicamente de banderas separatistas la marcha y politizando un acto que debería haber sido unitario) han dejado un hondo pesar. La sociedad catalana se encuentra muy dividida. Una descomposición que asusta. Nada, por cierto, que no se supiera ya. Una fractura que, visto lo visto –consideran dirigentes populares consultados al respecto–, va a ser muy difícil de cerrar. «Esa es la gravísima responsabilidad del soberanismo: la brecha creada entre sus ciudadanos, que ha partido incluso a las mismas familias», apuntan con pena. Que ni siquiera en un momento en el que han sufrido un zarpazo terrorista tan enorme hayan podido colocarse detrás de una pancarta que señalase claramente a los responsables de su dolor, a los terroristas, muestra la profunda división inoculada a los catalanes.

El independentismo ni siquiera tuvo el decoro de respetar un día que debería haber servido solo para homenajear a las víctimas y dar un no rotundo a los violentos. Una manifestación contra el terrorismo acabó manipulada burdamente por sectores secesionistas para dar un paso más en la alocada carrera del «procés» de ruptura con España. Aunque sea políticamente incorrecto decirlo cuando se quiere transmitir unidad frente al sinsentido de la barbarie, la sensación que expresa en privado un ministro presente en la manifestación, es que en ciertos momentos sufrió, por ser representante de España, una hostilidad muy difícil de entender cuando, desde que se produjeron los atentados en Barcelona y Cambrils, todo lo que ha recibido la sociedad catalana del resto de los españoles es solidaridad, cariño y apoyo.

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