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«Vamos todos a una»

Tiempo de lectura 4 min.

27 de marzo de 2017. 04:30h

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La llamada operación salvamento del PSOE, el golpe de Susana Díaz, ha quemado una etapa más. La puesta en escena del paso al frente en Ifema resultó arrolladora. La andaluza transmitió poderío interno. Era parte de la estrategia. Congregar alrededor de su figura, entre ovaciones, pasado, presente y futuro del partido: como referentes, Felipe González y Alfonso Guerra (juntos pero en ningún caso revueltos), Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, o José Luis Rodríguez Zapatero y José Bono, más todos los barones, presidentes autonómicos, alcaldes y, como contrapeso a la etiqueta de fuerza orgánica, miles de militantes de a pie. El recinto se abarrotó. En las explanadas que rodean el edificio, decenas de autobuses venidos de Andalucía, sí, pero también de todas partes de España. Nadie quiso faltar. Agrupación tras agrupación, se presentaron todas porque, como decía con sorna uno de los asistentes: «Aquí estamos, hemos vaciado las casas del pueblo». Ahí, y a pesar del Puerto Hurraco (Antonio Hernando dixit) del histórico Comité Federal del 1 de octubre, también las bases estaban con Susana.

El socialismo se sabe en precario, los dirigentes deambulan inciertos y los militantes desean confiar. Y ante ellos saltó al escenario Díaz con sus «esencias», las que les brindó el poder, y con las que confía salvar a sus centenarias siglas. Tras meses de medir sus pasos, de presiones, después de momentos en los que pudo parecer que daría de nuevo la «espantá» para reducir al mínimo los daños colaterales sobre San Telmo, «La Sultana» declaró su objetivo de liderar el PSOE. Y lo hizo como a ella le gusta: apabullando a los que no la quieren. Atrás quedan sus reservas cuando atendió a un Zapatero muy preocupado o a un Rubalcaba movilizado como nunca a su favor. En política, ya se sabe, cabe todo, más todavía cuando lo que se pone por delante es la propia supervivencia.

Ese escenario ha forzado cohabitaciones como, por ejemplo, la de Madrid, entre los archienemigos Purificación Causapié y Antonio Miguel Carmona, gracias a la intermediación de Elena Valenciano. Desde este domingo, y ya con ese «100 por 100 PSOE» como lema, la impresionante demostración de fuerza de Díaz se ha producido gracias a la potencia del PSOE-A, que se ha volcado en apoyar masivamente a su jefa; pero también gracias a una amplia red de apoyos distribuidos por toda España. Su «aparato» paralelo, un ejército de afines perfectamente engrasado, presto a recibir directrices y que permite a la sevillana de Triana descolgar el teléfono y hablar, ella directamente, con cualquier socialista del lugar más recóndito. «A diario dedica horas a las llamadas», señalan. Federación a federación. En ese campo, Díaz también gana por goleada a Pedro Sánchez. Esos mensajes en las redes en los que ella aparece abrazada a una enferma de cáncer o se vuelca con una anciana la identifican. Un hecho gráfico: cuando el ex secretario general visitó Zaragoza en el arranque de su precampaña, su correligionaria Susana Sumelzo hubo de insistirle para que al menos «tirase» de móvil y agradeciera personalmente a los compañeros que gratis et amore le hubieran dado cobertura organizativa en el acto. Díaz, en cambio, hubiera exigido de antemano la lista completa de esos militantes para citarlos por su nombre desde el escenario. ¿Empatía? Así llaman ahora a su cercanía con la gente. En líneas generales, el organigrama marcado se está cumpliendo, y los errores cometidos, como el alargar el calendario antes de las primarias para tratar de calmar las aguas internas y pasar página de la traumática abstención ante Rajoy, o los imprevistos surgidos, como la «resurrección» de Sánchez, no han apocado a la presidenta de la Junta de Andalucía, que se prepara a ganar el pulso con el manual impuesto por su jefe de gabinete, Máximo Díaz-Cano, deseoso esta vez de hacer realidad con ella lo que le fue imposible antes con Bono y posteriormente con Chacón.

«Susana no sabe conjugar el verbo perder»: toda una declaración de intenciones de alguien cercano a la líderesa socialista. Quienes la conocen sostienen que «está pendiente de todo». Y en este sentido, sus próximos dan por hecho que tiene pensado cuánto tiempo podrá compatibilizar la Junta con el máximo sillón de Ferraz, incluida la posibilidad de que una convocatoria de elecciones generales anticipada recorte los tiempos. Con todo, ahora mismo lo que más se escucha entre sus partidarios es un «Vamos todos a una, hay demasiado en juego». Con la federación andaluza bajo control, la intención es echar el resto en las federaciones donde ha podido enraizar el antisusanismo, como Cataluña. Díaz va a desembarcar en las cuatro provincias de la mano de Zapatero y de Eduardo Madina. Y ahí reside, precisamente, una de las mejores bazas de Susana Díaz: su capacidad de integrar. Y en este sentido la imagen con Madina (ya señalado como futuro portavoz parlamentario o, tal vez, secretario de Organización del partido) es inmejorable.

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