martes, 25 julio 2017
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Columnistas

¡Ya está bien!

Los okupas del edificio municipal de la calle del Gobernador, son unos «caras», que deberían «estudiar y trabaja», en lugar de «gritar». No lo digo yo; lo ha dicho el portavoz del PP en el Ayuntamiento, Martínez-Almeida, pero lo suscribo. Ya está bien de consentir a estos colectivos que invadan la propiedad, ya sea privada o pública, con argumentos peregrinos, de interés personal, que escapan no sólo a lo razonable, sino a la seguridad jurídica de los propietarios, ya sean particulares, o como en este caso, el propio Ayuntamiento. Ya está bien de mimar, alentar o permitir, por tibieza o inoperancia premeditada, el asalto a la propiedad ajena. Estos jóvenes desafiantes, exigentes, provocadores, andan muy cerca de compartir el dicho de que «se cree el ladrón que todos son de su condición», cuando contestan a la oposición del PP a la ocupación de un edificio municipal, pidiendo que «desocupen a la mafia» popular; es decir, aprovechan el lamentable asunto de la corrupción política, para defender el sistema mafioso de ocupar por la fuerza lo que no es suyo.

Y lo peor de todo, es que se sienten amparados, comprendidos o condescendidos, por la propiedad del inmueble ocupado, por quienes, como concejales del gobierno municipal, fueron en su día a apoyarles; o desde sus despachos, dan síntomas de tolerancia ante estas prácticas delictivas. Otros emplean la tibieza, como Rita Maestre, que no se atreve al apoyo abierto a este colectivo, pero al mismo tiempo les da esperanzas con un estudio, proyecto o componenda, para adecuar el inmueble a las necesidades autogestionarias de unos colectivos que ocupan su vida con la okupación. Pero resulta que un servidor, como madrileño, siente que estos carotas, han ocupado parte de lo que es mío, entendido el edificio como un bien inmobiliario patrimonio de todos los madrileños.

Este colectivo okupa, se crece, se nutre de la «comprensión» o actitud timorata de quienes gobiernan la institución propietaria del edificio, y exigen, se inventan derechos, echan un pulso. ¡Ya está bien! Estas actuaciones no pueden estar legitimadas por la vista gorda, la comprensión, la desidia o la indiferencia de quienes deberían velar por la justicia y los derechos, en este caso, de los madrileños en su conjunto.

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