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El procés que sólo generó pobreza

Tiempo de lectura 4 min.

03 de noviembre de 2017. 22:21h

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3/11/2017

El paro registrado en el mes de octubre, el primer dato estadístico, junto con la fuga de empresas, generado en medio de las turbulencias del golpe separatista de la Generalitat catalana, confirma los peores pronósticos sobre la afección de la crisis en el crecimiento económico del Principado y, por ende, en el conjunto de España. Se trata, hay que recalcarlo, de la primera constatación oficial y verificable del grave daño causado por el proceso independentista a la propia Cataluña, lo que advierte de la imperiosa necesidad de volver a la estabilidad y a la normalidad institucional lo antes posible, algo que no parecen comprender los partidos y movimientos separatistas que amenazan con mantener la estrategia de la tensión en la calle con convocatorias de huelgas políticas e interrupciones del normal desenvolvimiento del transporte por carretera y ferrocarril. Sin embargo, los datos hechos públicos ayer por parte del Ministerio de Empleo y Seguridad Social dejan poco margen a las interpretaciones y sólo pueden contentar a quienes, desde el extremismo político, consideran que cuanto peor vaya la situación en Cataluña, mejor para sus intereses. Así, si en el conjunto español el paro registrado en octubre subió en 56.844 personas, el número de nuevos desempleados en la comunidad autónoma catalana fue de 14.698, lo que la convierte en la región con la mayor tasa en el mes de octubre. Como muestra de comparación, en el mismo período del año anterior, en Cataluña perdieron su empleo 7.325 personas, prácticamente la mitad que este octubre. Lo mismo reza para las afiliaciones a la Seguridad Social: si en el conjunto de España han aumentado en 94.368 personas –el segundo mayor incremento interanual de la serie histórica– , en Cataluña apenas se han creado 1.700 nuevos puestos de trabajo, lo que contrasta, por ejemplo, con los 39.000 nuevos empleos de la Comunidad de Madrid o a los 38.000 de la Comunidad Valenciana. Además, otras cifras económicas confluyen para reforzar el diagnóstico: Cataluña ha sido la región con más concursos de acreedores de toda España y en la que más ha caído la creación de empresas: 16.175, la más baja desde 2012, cuando atravesábamos los peores momentos de la crisis. Por supuesto, desde los mismos sectores que negaron cínicamente que el proceso separatista iba a perjudicar principalmente la economía catalana, se insiste en minusvalorar unos datos que, como ya hemos señalado, deberían llevar a la reflexión y a la rectificación de conductas de los principales causantes de la actual situación. También ayer, el delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, revelaba que el impacto en el turismo de Barcelona, una de las principales fuentes de ingresos de la ciudad, de las algaradas del «procés» estaba siendo mayor que el del terrible atentado islamista de agosto, cometido en plenas Ramblas. Según los datos facilitados por Millo, recogidos entre los representantes de la industria hotelera, el 56,9 por ciento de los hoteles afirman que se ven afectados por la crisis separatista, frente al 48 por ciento que manifestó lo mismo en la semana posterior a los atentados del 17 de agosto. Inevitablemente, todos estos datos tienen su correspondiente proyección en las previsiones de crecimiento. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) advierte de que Cataluña perderá 2,7 puntos de PIB si se mantiene la crisis, dado que aumentará la pérdida de confianza en la economía catalana. El daño, no por avisado, ya está hecho y sólo queda apelar a la sensatez del conjunto de los ciudadanos de Cataluña para que se impongan a los alborotadores del separatismo, empeñados en destruir el futuro de todos.

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