lunes, 01 mayo 2017
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Editorial

Europa no debe aceptar la consulta de Erdogan

La Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE) ha determinado que el referéndum en Turquía, que autoriza la reforma constitucional, no cumplió con los estándares democráticos. En un país que lleva casi un año en estado de excepción tras un golpe al que ha seguido una purga mastodóntica, la noticia habría sido lo contrario. La jugada de Recep Tayyip Erdogan lleva larvándose mucho tiempo y ya se ocupó de asegurarse un resultado positivo a través de medidas tan efectivas como la supresión de la libertad de expresión, de Prensa o de reunión. La oposición también ha denunciado 2,5 millones de votos sospechosos que podrían haber dado la vuelta a un resultado que ha sido ajustadísimo. Una vez que hemos constatado que no se han respetado las libertades más elementales y que el proceso ha sido a la medida de Erdogan, la cuestión es qué vamos a hacer al respecto. Turquía es miembro tanto de la OTAN como de la OSCE (la segunda organización regional en importancia después de la ONU) y del Consejo de Europa y esta pertenencia debe implicar un compromiso real con los valores democráticos. El tono hostil de Erdogan hacia los países europeos, a los que ayer volvió a llamar «cruzados», va in crescendo y ha dejado claro que le trae sin cuidado que se suspenda el proceso de adhesión. No debemos descuidarnos. Lo que pase en Turquía es muy importante para Europa y hay que estar preparados.

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