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Espirales y fuegos

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Luis Alejandre,  Luis Alehandre. 

Tiempo de lectura 4 min.

05 de octubre de 2017. 01:08h

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Me muevo, querido lector entre la tristeza y el desasosiego, luchando para que no me invada el odio. Mido siempre mis palabras consciente de que tras mi nombre va mi condición de viejo soldado. Y siempre he hablado de Cataluña con enorme respeto por el cariño que debo a muchos de sus ciudadanos. No obstante, no puedo obviar que ocupé durante dos años la misma mesa que ocupaba el buen General Batet en la Capitanía General de Barcelona, aquel 6 de octubre de 1934.

Porque no es que se haya fracturado la sociedad catalana: se ha fracturado toda nuestra vida y la espiral se presenta hoy sin un final previsible. Hoy, sufrirá acoso escolar el hijo de un Guardia Civil en San Andrés de la Barca; mañana, el hijo de un director de hotel catalán en Benalmádena; hoy, un camionero de Almería se negará a parar en un control de los Mossos; mañana, un distribuidor de Tarragona encontrará sus ruedas pinchadas en Lugo. Es lo que buscan quienes están convencidos de que el caos representa su forma de acción política, la que les puede dar el poder. Y los que les prestan soporte, los residuales de Convergencia que intentan salvar los muebles del 3%, no saben que una vez utilizados, el «la calle» les va a arrinconar. No es solo la máxima de que «la revolución se come a sus propios hijos»; es el peso de la Historia esta que han prostituido, pero que no podrán negar.

Los eurófobos del Brexit, los italianos de la Liga Norte, o los 5,9 millones de alemanes del AfD, se frotan las manos. Y no solo ellos: muchos europeos –sensibilizados por imágenes realmente tristes– picarán el anzuelo de los provocadores antisistema y mirarán hacia un horizonte perdido como hicieron ante el drama yugoslavo de los noventa.

Busco ejemplos históricos y aumento mi desasosiego. Nos recordaba recientemente en estas páginas David Solar,(1) uno de nuestros historiadores más solventes, la forma en que Hitler y su equipo manipularon a las masas –hoy definidas por los sociólogos masas de acoso–,como forma de acceso al poder, pasando del 2,8% de votos en 1928 al 18,3 en 1930 para alcanzar en 1933 «metiendo puñados de papeletas donde le convino» el 95% de los sufragios. Había hecho suya aquella frase de Stalin: «No importa quién vota, sino quién cuenta los votos».La Cámara de Representantes alemana pasó a ser una cámara de aclamación. Hitler llegó a prometer en sus campañas –nos recuerda Solar– «maridos para todas las solteras alemanas». Aquellas engañadas solteras o sus hijas acabarían en prostíbulos al servicio de la soldadesca rusa en el Berlín de 1945.

A estas masas de acoso va dirigido un «Black Bloc» distribuido por la CUP, un verdadero manual de lucha callejera muy al estilo del utilizado en el País Vasco en tiempos de ETA. Describe minuciosamente en sus 72 páginas la composición de las UIP de la Policía Nacional y de los GRS de la Guardia Civil. Habla de «operaciones tácticas internas» (pag 29) y de la forma de inutilizar a las formaciones policiales, marcando recomendaciones de seguridad (pag 58) y consejos en caso de ser identificado y detenido (pag 65). Las consignas son claras: «Antes de soltar el DNI, suelta una piedra»; «la capucha es indispensable para evitar identificaciones»; «meter en la mochila camisetas de distinto color»; «son muy eficaces los contenedores de botellas de vidrio porque proporcionan abundante munición»; «cuidado con llevar el móvil porque te puede comprometer a ti y a tus acompañantes»; «los antidisturbios son más lentos por el vestuario y equipo que llevan, pero no olvidéis que su preparación física es superior y os vencerán en carrera de resistencia».

El segundo ejemplo histórico y con el que se encontró Batet, es mas conocido. El domingo 7 de octubre de 1934 el presidente del Consejo de Ministros, tras describir en el Diario Oficial que «a la hora presente la rebeldía que ha logrado perturbar el orden público, llega a su apogeo», cuando «en Cataluña el presidente de la Generalidad con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y su responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Catalá». «Ante esta situación, el Gobierno de la República –firmará el Decreto Alcalá Zamora– ha decidido proclamar el Estado de Guerra en todo el país».

No sé si es esto lo que se pretende ahora. Seguramente la jornada del pasado domingo pasará a la historia como batalla perdida por el Gobierno. Pero no perdida la guerra. También se perdieron batallas contra ETA. Costó 25 años ilegalizar a Herri Batasuna y otros 20 acabar con la banda asesina. Me recordaba en la mañana de ayer un conocido periodista una frase de Victor Hugo: «El fuego de la revolución puede durar unos días; pero el humo perdurará durante años». Entre todos, deberíamos evitarlo.

(1) David Solar. «La sombra del nazismo es alargada». La Razón 1 de octubre 2017

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