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Italia: algo más que un referéndum

Tiempo de lectura 4 min.

30 de noviembre de 2016. 22:04h

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Luis Alejandre 30/11/2016

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Navegamos un grupo de menorquines desde Mahón a Génova siguiendo esa extraña brújula que nos invita a seguir los pasos de nuestros antepasados. En este caso más que pasos, millas náuticas. Los menorquines del XVIII se hicieron navegantes por obligación. La Balear Menor no debía dar más de sí. Navegaron con las banderas de las tres naciones que ejercieron soberanía sobre ella –Inglaterra, Francia y España–, revendieron trigo del Mar Negro con pasaporte turco o hicieron el corso al servicio del mejor postor. Conocían los puertos del Mediterráneo como sus propios puertos. Llegado el XIX no dudaron en enrolarse en la «navy» de los nacientes Estados Unidos, en unirse a los franceses que colonizaron Argelia e incluso saltar al Atlántico para comerciar con esclavos de Gabón y de Corisco rumbo a la demanda de mano de obra en las plantaciones de caña de azúcar de Cuba. Para estos navegantes, Génova fue siempre centro comercial, punto de varada, referente cultural.

Y en la capital de la Liguria, una de las veinte regiones en que se divide Italia, vivo el ambiente previo al «Referendum Costituzionale» que se celebrará el próximo domingo día 4 y al que están llamados 47 millones de votantes. La pregunta es sencilla: «¿Aprueba el texto de la ley aprobada por el Parlamento el 15 de abril, concerniente a disposiciones para suprimir el bicameralismo paritario, la reducción del número de parlamentarios, la contención del gasto de funcionamiento de las Instituciones, la supresión del CNEL (Consiglio Nazionale dell’Economia e il Lavoro) y la revisión del Titulo V de la Constitución? Un «sí» o un «no» marcarán el futuro de Italia. Pero intuyo que no sólo afectará a Italia. Matteo Renzi ha apostado fuerte, intentando convencer a su opinión pública de que no se trata de una cuestión de gobierno sino de una cuestión de Estado. Pero sus oponentes unen fuerzas en un «todos contra Renzi», llevando la consulta a nivel partidista. Algo nos suena. El «sí» entrañaría pasar de 950 «grandi elettore»–630 Diputados y 320 Senadores– a 730 por la reducción de los senadores a 100. Esta Cámara quedaría sólo como representación de los entes territoriales con 21 senadores por las regiones, 74 por los Consejos (Parlamentos) Regionales y 5 de designación directa por siete años. El Congreso quedaría practicamente como única cámara legislativa. El Estado recuperaría ciertas atribuciones referidas a energía, grandes infraestructuras y protección civil. «Hoy –apuntan medios gubernamentales– para abrir un parque eólico hay 20 normativas diversas; para un transporte especial que deba atravesar Italia hacen falta 20 autorizaciones; para curarnos tenemos veinte sistemas sanitarios, con ciudadanos de serie A y ciudadanos de serie B según su lugar de residencia. Sólo –añaden– con instituciones adecuadas al tiempo, más sencillas, más eficientes, con menos políticos y menos privilegios, se puede reformar el mercado laboral, la tutela de la salud, la competencia internacional”.

Por supuesto quienes apoyan el «no» a la reforma, opinan lo contrario. No debo entrar en disquisiciones que pertenecen sólo al pueblo italiano y a sus representantes políticos. Sólo intuyo hoy, que el Gobierno no lo tiene ganado. Pero estamos en tiempo de sorpresas.

En apoyo de Renzi ha salido Gianni Pittella, el líder de los socialistas europeos, que considera que en caso de que fracase su propuesta no debe dejar el Gobierno. Tengo mis dudas. «El referéndum –señala– no es una elección política ni un congreso de partido;...la reforma lleva décadas esperando; hay un Parlamento que tras miles de horas de discusiones y enmiendas ha logrado consensuar por fin un texto de reforma constitucional que transforma el bicameralismo paritario en uno diferenciado; si el referéndum se transforma en un plebiscito en contra o a favor de alguien, será una distorsión injusta de su significado y perderemos una gran ocasión». Coincido con Pittella en que el «no», además, sería un duro golpe para Europa. Otro, tras el Brexit.

Reitero mi necesario respeto a decisiones que sólo corresponden a un pueblo cercano, prácticamente hermano, como es el pueblo italiano. Competimos en varias materias, disentimos en otras, pero en el fondo pertenecemos a una misma cultura.

Pero la descripción del momento, la propia percepción en los medios papel y audiovisuales en Italia me lleva siempre a pensar en España.

Entre otros temas, no será malo analizar la reforma de su Senado para pensar en la reestructuración del nuestro. A fondo hay que estudiar si reformamos el bicameralismo en aras de una mayor agilidad legislativa.

En resumen pensaba, mientras dejábamos el histórico puerto de Génova, que nunca es malo aprender del otro. Que respetarle no entraña desconocer sus problemas y que es inteligente analizar cómo los afronta.

En tanto conocemos si a este referéndum también lo carga el diablo deseo suerte a los italianos. En muchos sentidos puede ser nuestra propia suerte y la suerte de Europa.

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