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La masonería

La masonería inglesa tiene una carácter aristocrático, aunque el rito escocés, así como el rito simbólico francés, se vive con fuertes coincidencias con la batalla de la Enciclopedia y la Revolución Francesa.

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27 de agosto de 2017. 22:51h

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Surgió en 1717 como continuación de un movimiento filantrópico, cuando dos pastores ingleses, James Anderson y Jean Theophilus Desaguliers, publican «The Constitution of the free-masons», conocida comúnmente como las Constituciones de Anderson, aprobadas y publicadas en 1723, adquiriendo estructura sistemática. A partir de ese momento recoge las corrientes enciclopedistas del siglo XVIII. Se difunde rápidamente por Europa: las primeras logias en Francia (1721), La Haya (1734), Boston (1738). La masonería inglesa tiene una carácter aristocrático, aunque el rito escocés, así como el rito simbólico francés, se vive con fuertes coincidencias con la batalla de la Enciclopedia y la Revolución Francesa. En realidad es un paladín de las nuevas tendencias liberales. En 1804 la Gran Logia General de Francia surge con la potencia peculiar de Napoleón, que se convierte en el primer centro impulsor de la «masonería», siendo nombrado Gran Maestre José Bonaparte. Tanto en Inglaterra como en las naciones escandinavas y nórdicas, la masonería estuvo vinculada a las realezas, siendo su fórmula de gobierno la estricta libertad individual. Se crearon sociedades secretas, extendiéndose con más fuerza en política, promoviendo el liberalismo con mayor fuerza, intensidad y exorcismos y impulsando la crisis religiosa y de la sociología como más específica de expansión y fomento.

En 1804 fue creada la Logia General en Francia con Napoleón. La fórmula de gobierno fue la estricta libertad individual. Aparece así una religión política que impulsa la crítica religiosa y el estudio de la sociología como fomento del conocimiento. Kant (1724-1804) escribió una explicación sobre lo que entendía que era la masonería, al afirmar que «al salir el hombre de su minoría de edad, minoría de la cual él mismo es culpable», contrapone a esa culpable minoría de edad, que tan fácil hace a otros erigirse en tutores, persistiendo en ello gran parte de la Humanidad. La divisa pragmática, «¡Sapere aude!», es decir, ten valor de servirte de tu propio entendimiento. Para ello sólo se requiere libertad y la más inocente entre todo lo que sólo puede llevar el nombre de libertad: hacer uso público de su íntegra razón. Por su parte, el príncipe prusiano Federico el Grande se expresaba así: «Razonad cuanto queráis y sobre lo que queráis, pero ¡obedeced!». Kant llegó a la conclusión de que el uso público no hace daño, siempre que no se confunda o haga daño a la ley, si bien precisa al mismo tiempo el uso de manera dura, que limite su uso privado y de un ejército absolutamente disciplinado que sea garante de la tranquilidad pública.

J. J. Rousseau (1712-1778) concibió el «Emilio» como una pasión llamada amor, recordando el proyecto romántico como amor y amistad, tomándolo de la escalera de amor de Sócrates. Para Edmundo Burke (1729-1797) a la revolución política le acompaña la revolución sexual. Este gran crítico literario norteamericano lleva a cabo una indagación en las más básicas conexiones humanas en las obras mayores de la literatura en cuanto la batalla individual para comprender los modelos individuales y los extensos campos de mentalidades contenidas en conjuntos espaciosos de larga duración.

Roger Chartier toma el mundo como representación que propone como alternativa, entendido como producción de significados entre lo recibido y la intimidad que es el hombre que acontece. El historiador inglés explica que durante toda su vida se negó a que se escribiera una biografía suya: con ello se mantuvo a salvo de los aduladores, a los que detestaba, pero dejó el campo abierto a los detractores. Desde entonces se le ha dado mala prensa. Denigrado en su tiempo por los enemigos políticos, incluso dentro de España por sus adversarios, como su antiguo secretario Antonio Pérez adquirió una reputación siniestra que, con el paso del tiempo, se ha ensombrecido aún más».

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