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¿Romper la organización de trasplantes?

No quiero entrar en más estadísticas sobre quién da más y quién recibe más porque el sistema de trasplantes se basa en la solidaridad entre regiones y la generosidad de las familias españolas que, unidas a la eficacia de unos magníficos profesionales de la medicina, hacen el resto

Tiempo de lectura 4 min.

20 de septiembre de 2017. 23:26h

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Luis Alejandre 20/9/2017

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En mi Tribuna anterior reflexionaba sobre el problema que se produciría en la cuenca del Ebro si Cataluña se separase del resto de España: una verdadera guerra del agua al estilo de la que se vive en Oriente Próximo. Y no es que saliese en defensa de los intereses de Aragón como allí lo han valorado. Llamaba la atención defendiendo el interés general, las necesidades de todos, incluidos los catalanes, que bastante tienen con digerir a una clase política que les ha caído en suerte.

La Organización Nacional de Trasplantes (ONT), organismo público dependiente del Ministerio de Sanidad, nació en 1989 siendo ministro Julián García Vargas que desempolvó un proyecto de 1980 y confió la organización a Rafael Matesanz, un nefrólogo del Ramón y Cajal, que, recordando aquel momento, reconocerá: «La ONT la formábamos yo y dos secretarias». No es que en España no se hubiesen hecho trasplantes. De hecho ya en 1965 los doctores Gil Vernet y Caralps los habían realizado en el Clinic de Barcelona y sus compañeros Alférez y Hernando en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid. Pero faltaba abrir y transformar aquellas primeras técnicas y experiencias, en el sistema público, universal y gratuito al que se ha llegado hoy.

«España es líder mundial en trasplantes, pulverizando su propio récord con 43,4 donantes por millón de habitantes», constatamos en 2016. En USA esta relación es del 28,2; en Francia del 28,1; en Canadá del 19; en Italia del 22,9; la media europea del 20,8. «Por iniciativa de España, la Asamblea General de Naciones Unidas ha aprobado una Resolución contra el tráfico de órganos». «España cuenta con 340.000 donantes de médula con un aumento del 20% en los siete primeros meses de 2017».

Rafael Matesanz, que tras veintiocho años «casi ininterrumpidos» al frente de la ONT entregó por jubilación en mayo de este año el testigo a otra nefróloga, Beatriz Domínguez-Gil, representa una página de la que deberíamos sentirnos orgullosos los españoles, aunque no exenta de recelos y peligros como el que representa hoy el pulso separatista de una parte de la población catalana. Analiza el papel de los distintos ministros del ramo, distinguiendo como positivos e impulsores a Trinidad Jiménez y a la también médico Ana Pastor. De otros como Celia Villalobos o Bernat Soria, emite juicios más duros. Como bien dice, las envidias son factores de riesgo; el ministro que no ha creado un sistema o que lo hereda de otro de distinto partido ya lo dinamita. «En aquel tiempo un programa que llevase el rotulo de «nacional» creaba ronchas», dirá. Pero inasequible al desaliento, cuando Villalobos lo cesó telefónicamente –he vivido una situación semejante y lo comprendo– se fue a la Toscana a crear un sistema semejante. ¡Aún se acuerdan de él en Italia!

Para muchos militares unas reflexiones suyas son particularmente conocidas. Recuerda un encuentro en los años ochenta en Holanda donde ya funcionaba una acreditadísima red privada de trasplantes, Eurotransplant, que repartía órganos por Alemania, Austria, Holanda y Bélgica. «Nos veían como podemos ver hoy nosotros a los de las pateras»; «fuimos, nos hicieron la visita, hasta que el director nos suelta: ‘‘and this is the fax’’». Hoy, la Directiva Europea de Trasplantes lleva un sello marcadamente español. A muchos militares españoles también nos costó demostrar nuestra profesionalidad en ámbitos internacionales. Hoy se nos respeta.

Valora el nefrólogo el papel de los 30 médicos amigos con los que comenzó el proyecto, prácticamente sin presupuesto, construyendo a partir de ellos una red que hoy alcanza los 9.000 médicos y técnicos comprometidos. Valora los apoyos iniciales del Ejército del Aire para el trasporte urgente de órganos. Y está orgulloso de que el modelo español se haya extendido por América luchando siempre por sus principios de carácter público, universal y gratuito. Es decir que el trasplante no sea cosa de ricos y que no arruine a nadie. Somos testigos–aunque nos cueste reconocerlo– de que esto es cierto entre nosotros, porque tenemos una sanidad pública extraordinaria.

Pero nos alerta Matesanz: en este importante factor de cohesión que constituye el sistema nacional de salud «la sanidad universal es clave en el éxito de los trasplantes»; «que ninguna comunidad autónoma piense que yendo sola va a ser mejor, porque el principal problema es la fragmentación del sistema». De este valora otros dos puntos clave: el anonimato y la baja tasa de negativas familiares que ronda el 15%.

Traduzco sus claves cuando constato que las regiones más generosas en España son La Rioja y Cantabria con 78,9 y 73,5 donantes por millón de habitantes. Y no quiero entrar en más estadísticas sobre quién da más y quién recibe más, porque el sistema se basa en la solidaridad entre regiones y la generosidad de las familias españolas que unidas a la eficacia de unos magníficos profesionales de la medicina, hacen el resto.

¡No rompamos lo que generosa y solidariamente nos une!

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