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Universitas hominum

Las universidades se convirtieron, con una rapidez inusitada, en centros de una vida intelectual extraordinariamente activa. Atrajeron gran número de estudiantes

y contaron entre sus maestros con las inteligencias más activas del momento, que estudiaron las ciencias y, muy particularmente, la teología y la filosofía

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13 de agosto de 2017. 22:25h

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En los últimos años del siglo XII se inició un extraordinario renacimiento intelectual que hizo del siglo XIII uno de las más brillantes centurias de la historia europea. Ello fue debido a las nuevas universidades, muy en especial a las de París y Oxford, y a las dos grandes Órdenes mendicantes de la Iglesia, la dominica y la franciscana. Las universidades se convirtieron, con una rapidez inusitada, en centros de una vida intelectual extraordinariamente activa. Atrajeron gran número de estudiantes y contaron entre sus maestros con las inteligencias más activas del momento, que estudiaron las ciencias y, muy particularmente, la teología y la filosofía. En el seno de las universidades fueron particularmente destacadas las grandes escuelas jurídicas, que en el curso de los siglos XII y XIII recuperaron un conocimiento exacto del Derecho romano.

Las Órdenes mendicantes desempeñaron una gran función en cuanto se establecieron, creando cursos de estudios, aportando gran número de maestros a las facultades, los pensadores más originales del siglo XIII. Sirvan de ejemplo Alberto Magno y Tomás de Aquino entre los dominicos y Duns Scoto y Roger Bacon entre los franciscanos. Universidades y Órdenes religiosas fueron los instrumentos de la nueva y deslumbrante ilustración, aunque el contenido de la ciencia y los saberes lo dieron las obras de ciencias antiguas, en especial las de Aristóteles, junto con un número de eruditos y sabios exégetas judíos y árabes. En la primera parte de la época medieval no se había conocido nada de los grandes trabajos del estagirita. Fue en el siglo XIII cuando se conocieron las versiones árabes y griegas y los principales espacios a través de los cuales fueron distinguidos fueron Italia y España. El arzobispo de Toledo patrocinó grandes empresas colectivas de traducción.

Tiene importancia relevante en la historia del pensamiento político del texto griego de la «Política» de Aristóteles, hecha por Guillermo de Moerbeke (c. 1260). La resurrección de Aristóteles tuvo un efecto magnífico en el desarrollo intelectual de la Europa occidental, ordenado ya en ciencias como la física, la zoología, la psicología, la ética y la política, coordinadas, por añadidura, como partes de una sistemática naturaleza, cuyos primeros principios adoptaban la forma de metafísica. Además Aristóteles adoptó una nueva visión de la vida intelectual de Grecia y la creación de que la razón es la llave que tiene que abrir la puerta del conocimiento del mundo natural. Dominar, pues, el conocimiento de Aristóteles resaltó de una gran importancia el pensamiento aristotélico, que se unió armónicamente con el sistema de creencias cristianas y construyó un sistema de comprensión integral del conocimiento natural y teológico, así como sobre la filosofía política, en especial una mejora en la técnica y el conocimiento de la política y en la exposición de los temas de estudio y el orden. Así la influencia del estagirita llenó prácticamente todo.

La recuperación de Aristóteles supuso una marca de ordenamiento, se robustece con el análisis llevado a cabo del «Policráticus», escrito por Juan de Salisbury en 1159. Primer intento de estudiar la filosofía política en forma extensa y sistemática y ser el único de tal condición escrito antes de la recuperación de Aristóteles. Un compendio de la antigua tradición llegado al siglo XII, desde Cicerón y Séneca a través de los Padres de la Iglesia y los jurisconsultos romanos. En el pensamiento de Juan de Salisbury la concepción de la ley constituye un vínculo omnipotente en todas las relaciones humanas, incluso la que existe entre gobernante y gobernados, en consecuencia obligatoria tanto para el rey como para el súbdito. De aquí surge la distinción entre un verdadero rey y un tirano, que tiene una importancia fundamental. Su libro tiene el honor de presentar la primera defensa explícita del tiranicidio que se encuentra en la literatura política medieval: «Quien usurpa la espada merece morir por la espada». Excepto en la defensa del tiranicidio no había nada en la concepción de la ley y de su validez universal mantenida por Juan de Salisbury que no compartiese Santo Tomás de Aquino. Salisbury lo expresó en términos derivados de Cicerón, mientras Santo Tomás de Aquino adaptó los términos de Aristóteles.

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