Ya casi nos habíamos olvidado, pero el famoso cineasta Costa-Gavras comentó esta semana en El País sobre la pensión, conocida, transparente y completamente legal que José Ignacio Goirigolzarri cobrará del BBVA: “Es inaceptable cuando hay gente que tiene que vivir con 400 euros”. Pero antes de que se precipite usted a despellejar a Costa-Gavras, recuerde lo que dijeron nuestros políticos: Elena Salgado cuestionó la “ética” del banquero; Gaspar Llamazares, lógicamente, fue más allá: “Es un escándalo internacional”, dijo, y abogó por limitar los sueldos por ley. Dirá usted: al menos el PP nos va a salvar de este torrente de demagogia. No sé yo. Cristóbal Montoro comentó que la pensión de Goirigolzarri era algo que le resultaba “especialmente llamativo” en momentos de crisis cuando tantas personas afrontan “dificultades”; vamos, no muy diferente del izquierdista Costa-Gavras. Y Vicente Martínez-Pujalte tronó que todo le parecía “fatal” y que no podía comprender cómo un banquero podía cobrar tanto “en un momento en el que las familias y las pymes tienen dificultad para acceder al crédito”. Y los sindicalistas, y los periodistas, y todo el mundo. Lo que nadie pensó es por qué algunos sectores tienen beneficios tan altos y pueden remunerar tan generosamente a sus directivos. Esto llevaría a entender el grado de intervencionismo público en la banca y a desmantelar toda la argumentación políticamente correcta contra el mercado libre.