La consecuencia directa del descenso de población anunciado por el INE en su último informe sobre la ‘Proyección de la Población de España a Corto Plazo 2011–2021’ es el aumento de la tasa de dependencia que supone. Parece claro que, en los próximos 25 años, el número de mayores de 65 años por cada trabajador se duplicará, pasando de 0,25 a 0,50.
Simplificando, no hace falta ser muy buen matemático para darse cuenta de que eso significa necesariamente una de estas tres cosas: o se duplican los impuestos, o se rebajan las prestaciones sociales, o se aumenta drásticamente la edad de jubilación. Lo importante no es que nos parezca bien o mal, sino que no habrá forma de que salgan las cuentas si no, y ya vamos teniendo experiencia de lo que eso significa...
A no ser que nos decidamos en serio a apoyar la natalidad. Entre otros países de nuestro entorno, Francia es un ejemplo claro de cómo no hace falta que las mujeres dejen de trabajar para que tengan más hijos. De hecho, si hay buenas políticas de conciliación el proceso es justo el contrario, como ha demostrado el reciente informe ‘La fécondité remonte dans les pays de l’OCDE’.
Y de lo que no cabe duda es de que las mujeres querrían tener más hijos: según el Eurobarómetro, de uno a dos más de los que tienen.







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