educacion

No me cabe la menor duda de que hace falta un pacto educativo, un acuerdo claro sobre los principios básicos sobre los que debe asentarse un sistema educativo de calidad. Pero sigo viendo cosas que se dan por buenas sin mucha reflexión.

Un ejemplo clamoroso para mí es el documento del Ministerio de Sanidad titulado “Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva”, destinado a poner las bases de una nueva educación sexual en la cual, como cabe sospechar por su título, se explica la sexualidad como un mero pasatiempo, como si evitando sus consecuencias físicas se pudieran esquivar también las morales. Ya se sabe, en la ideología de género todo es posible, porque el papel lo aguanta todo.

Otro ejemplo proviene de la agencia de una Comunidad Autónoma gobernada por el otro partido que sería la clave para ese pacto: la Agencia de Protección de Datos de Madrid ha lanzado una campaña para jóvenes sobre la privacidad en Internet, en la que se deja claro que lo importante no es que se hagan cosas inconvenientes, sino que se cuenten en las redes sociales, como si con eso salieran gratis.

No digo que los dos ejemplos sean equiparables ni tengo motivos para dudar de la buena intención de esa campaña ni de nadie, pero me parece que un error básico del sistema educativo actual es precisamente ése: transmitir el mensaje de que lo importante no es el esfuerzo, sino la habilidad para rehuírlo sin consecuencias. Porque los que ya no somos estudiantes sabemos que cualquier parecido entre esa afirmación y la realidad es pura coincidencia, y que estaríamos timando a los más jóvenes si se lo ocultáramos.