Conozco y aprecio el mundo educativo. Llevo treinta y siete años de profesor universitario, treinta de ellos en la Complutense. He tenido miles de alumnos –la mayoría, como es lógico, de izquierdas, porque la izquierda disfruta y adolece de adolescencia. Guardo de ellos un feliz recuerdo y en muchos casos, pásmese usted, viceversa. Con la melancolía que suscita una jubilación que parece remota hasta que nos aborda, contemplo el debate sobre Bolonia y concluyo que no me apunto a ninguno de los dos bandos en liza. Los argumentos de sus contradictores son insustanciales, en particular el que augura una privatización de la universidad en la que absolutamente nadie piensa. Pero tampoco me convencen sus partidarios, porque temo que están alterando los términos del problema. Han detectado, y ya era hora, que las mejores universidades del mundo son las anglosajonas, y pretenden imitarlas, lo que está bien, pero a menudo en lo accesorio, lo que está mal. En el proceso de Bolonia los protagonistas sobresalientes son los políticos y los burócratas. Hace un par de semanas puso el dedo en la llaga José Canosa, en un artículo publicado en Actualidad Económica sobre las universidades del siglo XXI. Canosa es doctor en Física Aplicada por la Universidad de Harvard, ha enseñado en varias universidades americanas y españolas, y ha sido investigador en el Centro Científico de IBM en Palo Alto. Pero no es imprescindible ostentar un curriculum vitae tan notable para percibir lo obvio: ningún burócrata le dice a la Universidad de Chicago lo que tiene que hacer, porque resulta que esa Universidad tiene más premios Nobel que los burócratas, que no tienen ninguno. Esa es la objeción que cabe plantear, y no la bobada de que las empresas amenazan la autonomía universitaria. ¿O usted cree que Harvard no tiene autonomía? Si las universidades británicas, que sobresalen en Europa, desconfían de Bolonia, ahí estriba el argumento en contra, y no en una pretendida eliminación de las becas que nadie postula. En fin, que no me haga usted mucho caso, que cuando vislumbramos la jubilación incurrimos en irremediables tristezas.
Sobre el autor:
Doctor en Ciencias Económicas, catedrático de Historia del Pensamiento Económico, ha publicado libros, ensayos, y numerosos artículos en prensa








Comentarios [32]
Otras profesiones con atribuciones también tienen problemas de compatibilidad por las atribuciones (por lo que he oido, los nuevos equivalentes de Ingeniero Industrial tendrán atribuciones en contrucción, lo que molesta a quienes tienen el título de Arquitecto).
Todo esto crea conflicto, y a decir verdad, no veo claras las ganancias de Bolonia. El método Bolonia se lleva aplicando "en pruebas" en mi antigua universidad algo así como 2 años, lo que a mi entender prueba que se podría seguir aplicando el mismo método que tienen pensado para Bolonia con el sistema de títulos actual, y sin tanto revuelo. Si el problema máximo es la compatibilidad del título en el extranjero, pues podrían ponerse de acuerdo los paises para aceptarse los títulos entre sí, ¿no?.
Se podrían decir más cosas, y tal vez me dejo muchas aclaraciones, pero entiendo que para un comentario de blog de momento he escrito bastante. Denuncia este comentario
Hay miedo de que con el proceso de Bolonia vengan empresas (como por ejemplo podría ser Microsoft) a subvencionar los estudios con dinero para que se enseñe a los estudiantes de esta escuela a usar únicamente el Sistema Operativo Windows (XP, Vista, etc) en detrimento de dar conocimientos genéricos en Sistemas Operativos y que cada cual escoja el sistema que quiera (por ejemplo, Unix, Linux, BeOS, Macintosh, etc ...). Denuncia este comentario