Los socialistas han vuelto a tender al PP una vieja trampa fiscal, que consiste en denunciar la incoherencia de la derecha porque pide menos impuestos pero no dice dónde bajaría el gasto. Lógicamente, el PP no lo dice porque acto seguido caería la izquierda sobre ellos acusándolos de insolidarios por anhelar menos sanidad, educación, pensiones, etc. Creyendo que había despejado las incógnitas, escribió hace pocos días Barbie en El Mundo: “Hay muchas formas de recortar el gasto que no implican un recorte del gasto social. Sobran ministerios, se solapan competencias, se multiplica la burocracia, se dedica dinero público a hacer favores y a publicitar las labores de gobierno, las Comunidades abren embajadas en el exterior, se encargan informes innecesarios o falsos…Todo esto y mucho más es lo que hay que corregir en lugar de subir los impuestos”. Pues no, señor, y me extraña que los socialistas no le hayan respondido, porque la refutación es elemental: no alcanza. Las Administraciones Públicas modernas son redistribuidoras, y el grueso del gasto se dedica a ese objetivo, que precisamente el PP no quiere tocar, no vaya a ser que le digan que no es un partido progresista. Sin tocar la redistribución, vastamente expandida hoy por el subsidio de desempleo y otras prestaciones, el recorte de Barbie sería insuficiente para enjugar el déficit y tendría, por tanto, que subir impuestos y deuda, es decir, lo mismo que hacen Smiley y su banda.