Así rezaba el principal titular del suplemento de libros de El País. No es el nuevo boom literario. Es que los progresistas, ebrios de fatal arrogancia, quieren realmente inventar el subcontinente. Y por segunda vez. Antes lo inventaron como el sitio terrorífico donde se violaban mucho los derechos humanos, ridícula pretensión comparada con las insuperables matanzas europeas. Ahora pretenden que “uno de los grandes males de la región es la brutal desigualdad que parece y que lastra cualquier esperanza de futuro”, tremebunda frase y completamente injustificada, porque la desigualdad nunca es brutal: lo brutal es la pobreza y los ciudadanos del subcontinente están prosperando y muchos la están dejando atrás, a pesar de sus gobiernos y de la corrección política, expresada en la voz de Alicia Bárcena, secretaria de la Cepal: “ya no hay casi nadie que no admita que será imposible lograr avances mientras que América Latina siga siendo la región más desigual del mundo, la que presenta unos niveles de distribución de riqueza más injustos”. Es una trampa que prepara el terreno para el intervencionismo, que siempre contó con el aplauso de la Cepal, propiciadora de iniciativas costosas y absurdas como la industrialización por sustitución de importaciones. Ahora vuelven a la carga, resulta que la distribución de la renta es “injusta”. ¿A que no adivina usted qué quieren hacer para establecer por fin la justicia? Pues claro: subir los impuestos.