Los soldados españoles del siglo XXI no son iguales que los del siglo XVII, ni siquiera de los de buena parte del XX. No llevan sus uniformes, sus armas, ni emplean las mismas tácticas. Ni siquiera piensan igual, no comparten ideologías ni desvelos. Pero unos y otros han servido y sirven bajo la misma bandera, a la misma patria. Y unos y otros son herederos de una Historia, de una línea temporal que les entronca con sus antepasados y sus sucesores en una Milicia.
El soldado del siglo XXI es el depositario de los hechos, el honor, la valentía, el heroismo y los logros de los que le precedieron en el servicio. No lo digo yo, lo dicen las Reales Ordenanzas: «Los Ejércitos de España son herederos y depositarios de una gloriosa tradición militar. El homenaje a los héroes que la forjaron es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra». Un deber de gratitud y un estímulo, fuera cual fuera la ideología bajo la cual contribuyeron a engrandecer esa gloriosa tradición militar, porque lo que se valora al conceder las más altas distinciones castrenses no es cómo pensaba el uniformado, sino cómo actuó. Y su ejemplo en esos hechos es lo que supone el estímulo para el soldado de hoy.
Por eso es una aberración que ahora Defensa quiera suprimir los nombres de nueve laureados de los cuarteles del Ejército por considerar que esos nombres están bajo la espada de la Ley de la Des-Memoria Histórica. Lo es porque todos ellos, fuera en el escenario que fuera, la ideología que fuese y el enemigo que tuvieran enfrente demostraron que su vocación estaba por encima de su vida.
Ya me parece mal que las estatuas en memoria del comandante Franco en Melilla, ciudad a la que salvó en los años 20, estén en entredicho. Pase. Pero la supresión de algunos de los nombres de la lista sólo puede responder al mayor de los rencores, a la mayor de las iniquidades posibles. Quitar el nombre del soldado divisionario Ponte Anido es una canallada. Sí, estaba en la División Azul, pero juzguen ustedes si merece ser recordado o no: herido en el hospital de campaña, las tropas rusas rompieron la línea española y uno de los carros de combate se dirigió hacia el hospital en el que él y sus compañeros se recuperaban de sus heridas. Al verlo, Ponte Anido bajó de la cama, agarró una mina y se fue hacia el carro, haciéndola explotar bajo este para que el resto del hospital se salvara.
Él es sólo un ejemplo. Otros batallaron fieramente pese a tener todas las de perder. Otros ganaron sus medallas cuando Franco era comandante. Todos merecen ser recordados por el hecho que les hizo merecedores de la Laureada. Pero no para el Gobierno, que ve en ellos el más terrible exponente del franquismo que quieren borrar de la Historia. Me argumentarían que la ideología que imperaba en la época era antidemocrática, y que después generó horrores. Pero por esa regla de tres deberíamos olvidar, esconder, a Viriato, a Aníbal, a Don Pelayo, a los Tercios de Flandes o a los sublevados contra los franceses, porque de democráticos no tenían nada, eran brutales y despiadados con el enemigo, totalitarios, cometieron atrocidades y machacaron al rival. Pero se les recuerda porque es Historia de España. Guste o no.
Los soldados de hoy deben mirar esos hechos como ejemplo de militares que amaban su oficio más que su vida, que se entregaron a la derrota y salieron victoriosos, que vieron en el compañero el máximo bien por el que luchar, que vieron en su misión el sentido de su vida y de su muerte. Porque un día, ante un enemigo que no entiende de democracia ni gentileza, necesitarán esa sangre española plagada de historia de sus antepasados para hacer frente al peligro, a la muerte.
Quitarles es quitar un trozo de Historia al Ejército, a España, es mentir, violar el pasado y humillar el hecho heróico. El día que miremos al pasado y sólo veamos Historia, sólo veamos los hechos y no las ideologías avanzaremos.
Hoy me llamarán muchos fascista. Me da igual. Me lo llamarán eternamente. Yo sólo miro atrás con la curiosidad de la Historia y la admiración de quienes nos precedieron y engrandecieron el nombre de España, de izquierdas y de derechas. Y trato de avanzar, si me dejan, si les dejan.








Comentarios [12]
En cuanto a su artículo, una vez más estoy totalmente de acuerdo con Ud. en todo. Y le felicito de nuevo. Tiene la facilidad de materializar mis pensamientos poniéndole letras a lo que pienso. La des-memoria histórica quiere llegar más allá. No se conformará con quitar las estatuas de Franco. Pero en esta desmemoriada España que nos está tocando vivir en estos días, a nadie le importa nada. Y si se trata de "Militares", pues aún menos.
En cuanto a lo de "Fascista", no se preocupe, ya estamos acostumbrados a que nos llamen así a los que no pensamos como ellos.
Un saludo y gracias de nuevo. Denuncia este comentario
Esa es la sensación que transmiten, que ya no son soldados.
Hasta no hace mucho un soldado español se diferenciaba bien poco en lo esencial del de los tercios de Flandes o Lepanto. La milicia era aún una religión de hombres honrados.
Pero ya no. Sin fundamentos morales, sin ordenanzas, sin jefes dignos para dirigir los ejércitos, sin jerarquía, antigüedad o escalafón, sin respeto a la tradición, sin nada de nada, traicionado por sus propios generales, el ejército esta tan destruido como el resto de la sociedad española.
Solamente los pequeños rescoldos de educación militar que siguen ardiendo en el corazón de unos pocos, pueden suponer la esperanza de que algún día, avivados por el viento de la adversidad, vuelvan a abrasar el alma de nuestra vieja Patria, la mas antigua y gloriosa del mundo.
Que Dios se apiade del Mundo para que de nuevo, « cuando en el Cielo se piense en una nueva hazana, los Ángeles miren a Dios y piensen en España ». Denuncia este comentario
Un saludo don Diego y no se preocupe por lo de fascista. Como le digo son ideologías pasajeras. Vayamos a la historia y la forma en que ha sido escrita. Aunque como no nos demos prisa nos la cambian y nos quedamos a cuadros. Denuncia este comentario
Usted no es un fascista; usted es un BUEN ESPAÑOL.
Los fascistas son los que actuan de la forma en que lo estan haciendo éstos gobernantes.
La Historia es muy tozuda, y tiene la mala costumbre de no dejarse cambiar. Se la podrá tergiversar, manipular, olvidar; pero los hechos pasados estan pasados y nadie los puede cambiar.
Yo, no puedo más que animarle a que continue llamando a las cosas por su nombre y darle las gracias por ello.
Soy un militar de AS-FAS que le lee a diario y que cada dia le admira más. Gracias D. Diego. Denuncia este comentario
¡Ah! Sin animo de polemizar no es menos cierto que Abd El Krim se equivoco al no atacar Melilla cuando la tenia "a huevo" como que cuando trato de arreglarlo fracaso por completo, un error que a la larga le costaria la guerra como a Anibal con Roma tras Cannas. La llegada de refuerzos permitio una defensa eficaz y unos contraataques con mucho éxito recuperando el terreno perdido, un catalogo de horrores habida cuenta el salvajismo de los rifeños con los nuestros, pero esa defensa y contraataque fueron un claro triunfo tras el desastre de Annual y el comandante Franco tuvo su parte de merito en ello, su parte, ni todo como se nos ha vendido ni nada como se nos cuenta, su parte de mérito junto a muchos otros con meritos aliquotos o superiores. Denuncia este comentario
A lo largo de la historia ha existido de todo en lo referente al soldado. Profesionales ¿los menos-, mercenarios ¿muchos-, el pueblo alzado en armas ¿muchas veces-, reemplazos forzosos ¿los mas-. Sin olvidar las contrataciones de bandoleros y gentes de mal vivir o el forzoso reemplazo de tropas prisioneras de otras guerras.
Hasta finales del siglo XIX eran considerados verdaderos militares y por tanto dignos del honor a la oficialía, toda ella era procedente de la nobleza, el resto era chusma.
De las Reales Ordenanzas (pieza para el museo arqueológico) yo casi prefiero no hablar, pero creo que de los sentimientos y ¿amores¿ que tratan de imponer, entienden poco sus creadores ya que el amor o se tiene o no se tiene pero no se impone por ley. Aunque las han remozado un poco para decir, por ejemplo, que cometeremos un delito si utilizamos armas de destrucción masiva (¿Quién nos las habrá comprado?) siguen siendo unos textos caducos, atemporales y hechos por los de siempre (no entiendo, tratándose de un código ético, que solo los generales y coroneles tengan derecho a imponer al resto de los militares su moral)
De verdad que a mí no me estimulan las hazañas de militares de antes (no lo siento) pero el bienestar de los míos, de mi sociedad, amigos, comunidad en la que vivo, el estado del que formo parte, si. Eso si me estimula, y mucho.
En cuanto a la supresión de monolitos, estatuas, y demás recuerdos, entiendo que siempre los ¿ganadores¿ han hecho lo mismo (Franco no honro las hazañas y el valor de los que sirvieron en el otro bando y dilapido la herencia cultural que olía a republica). Pero si queremos hablar de medallas solamente en cuanto a reconocimiento del ¿valor¿, te diré que nunca he entendido como es posible que, si los generales siempre estaban alejados del frente, como es que siempre son los que tienen más medallas (solo hay que fijarse hoy en día en cualquier formación para verlo, siempre tiene más medallas que nadie, pero los heridos y muertos de Afganistán, Líbano, Irak, etc. son casi siempre soldados y suboficiales).
Digamos que estamos en las postrimerías de un enfrentamiento que aun cura sus heridas. Ahora es la democracia la que se siente vencedora sobre el periodo del franquismo y hace lo propio, así ha sido siempre la historia. Pero al final algo siempre queda. A Franco siempre se le recordara como el que inicio una guerra fratricida, eso nadie lo suprimirá de la historia, pues lo llevamos todos dentro.
Por todo ello no me siento yo en ninguna línea temporal ni entroncado con aquellos que fueron capaces de matarse los unos entre los otros, hermanos de una misma nación, (sin distinción de bandos) y menos depositario de sus honores o de sus maléficas tradiciones. Menuda herencia bonita.
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Hoy, con demasiados años a cuestas, no sé si estamos mejor o peor que al principio. Todo parece indicar que si. Pero por si acaso, yo sigo en mi puesto haciendo lo que el país me pide que haga. Incluso soportando estoicamente cambios en la formas de desarrollar mi trabajo que considero injustas propiciadas por los gobernantes representantes de ese pueblo. Recurriendo si hace falta al Poder Judicial para que determinados atropellos que creo haber sufrido sean reparados. Confiando en las instituciones que entiendo han mejorado con mi esfuerzo, con el de mi vecino y con el de todos los hombres honrados, militares y no, que aportan día a día su grano de arena para que el país siga adelante. Ninguno de mis hijos ha escogido la milicia como forma de vida porque creo que tienen la misma libertad que yo tuve y tengo para escoger lo que hacer cada dia.
Con todo lo anterior quiero decir que los militares no son, o no deberían ser ni mejores ni peores vecinos que lo son los bomberos, los albañiles o los artistas. Lo único que nos diferencia al día de hoy y desde hace décadas es la diferencia de trato como ciudadanos y estamos intentando subsanarlo con la ayuda de unos pocos que ofrecen sus espacios en los medios de prensa para divulgar que hacemos lo que podemos desde nuestros barcos, puestos de guardia aquí o en Afganistán, o vigilando el ordenamiento del tráfico aéreo. Afortunadamente hay muchos mas hombres y mujeres que hacen su trabajo en la milicia calladamente que unos pocos que se empeñan en ir de salvapatrias. Es cuestión de tener paciencia y seguro que en otros 40 años es posible.
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