La primera selección de Palito para su debut al frente de la CND fue demasiado arriesgada. Philippe Blanchard, el coreógrafo invitado, montó una pieza suya, “Noodles”, para un cuerpo de baile poco acostumbrado a la improvisación. Se notó. La primera parte de la representación basó su fuerza en movimientos conectados entre sí por directrices difusas que dificultaban su seguimiento. Con tintes de danza teatro, los bailarines desplegaron un conjunto rápido y físico, pero corto en significado. La escenificación de una especie de borrachera existencial que se vio, construida a partir de las declamaciones de los bailarines y su danza desesperada, constituye una propuesta original y valiente, si bien la interpretación provocó más perplejidad que mensaje.
Tras esta primera parte, protagonizada por la improvisación coral, el elenco comenzó la parte coreográfica más definida. Un baile pegado al suelo, sin rigidez y más ordenado precedió un paso a dos de gran valor artístico. Blanchard hizo brillar la obra gracias al diálogo entre los dos bailarines, lleno de matices y expresión. La fuerza física de la danza, que no disminuyó en ningún momento, llegó a semejarse a una lucha entre ambos intérpretes, con movimientos sueltos, abiertos y con una sensación de improvisación permanente. La exploración de nuevas vías dentro de la creación contemporáneo cobró en este punto más significado que en ningún otro. La música en directo, con percusión, guitarras y electrónica, aumentó la sensación de espontaneidad de la obra.
Aunque el programa lo completaban dos piezas de Duato, “Jardí tancat” y “White Darkness”, “Noodles” confirma el cambio de aires que planea sobre la CND pilotado por Palito, con un contemporáneo arriesgado sí, pero también enriquecedor.
17
Nov
2010







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