Los jerarcas socialistas mienten pero no mienten igual. En economía han procurado engañarnos de tres maneras distintas en los tres últimos años. Hasta las elecciones de marzo de 2008 aseguraron que en España no había ni habría crisis. Fue la época en que quienes decíamos la verdad fuimos insultados y llamados antipatriotas. Tras ganar las elecciones saltaron ágilmente al bulo opuesto: nuestro país sufría, en efecto, una brutal crisis económica pero no era culpa de Smiley y su banda. Al contrario, provenía del exterior, de la derecha, de Bush y Aznar, del liberalismo, etc., y éramos afortunados por gozar de un gobierno socialista que no sólo era impecable en su inocencia sino abnegado en sus propósitos de cuidar a los parados: “hemos preservado la cohesión social”, lagrimeó Smiley esta semana. Fue la época en que alegaban que no había otra política económica alternativa a la de cuidados paliativos, con torrentes de dinero ajeno que han conducido a la penuria actual de la Hacienda Pública. La tercera mentira fue oficialmente inaugurada el miércoles pasado en el Congreso. Es la Economía Sostenible, cuyo objetivo no es reformar sino sostener al Gobierno permitiéndole colgarse las medallas de los buenos datos económicos que irán apareciendo. Sólo unos sujetos a los que les sobra en osadía lo que les falta en escrúpulos son capaces de esta estratagema: un mismo Gobierno se desvincula del aumento del paro y se aferra sólo a su disminución o a la creación de empleo. Ninguna responsabilidad admitió Smiley el miércoles, al contrario, reivindicó la visión del estadista que aplica su genio bondadoso a lograr un “crecimiento equilibrado de la economía española” a la vez que un “modelo social más equitativo”. ¿Quién se opondrá? El PP, temeroso de no ser considerado lo suficientemente progresista, ha sido nuevamente colocado en una posición subordinada y, huérfano de ideas, sólo confía en que el tiempo que todo lo deteriora le concederá el regreso a la Moncloa.