Mientras un inoportuno teléfono móvil sonaba con la música de “Psicosis”, declaró Smiley este lunes, sin rubor: “Los responsables políticos tenemos que dedicar el mayor tiempo posible a los temas de los ciudadanos y el menor tiempo posible a nuestros temas”. El líder ironizó sobre lo inadecuados que resultaban los acordes de la aterradora película de Hitchcock como fondo de sus palabras. Tenía razón. Después de todo, muchas cosas malas se pueden decir de Norman Bates y su elusiva madre, pero en ningún caso cabe acusarlos de mentir. En la política, por el contrario, bulo es regla, y los camelos son a Smiley como los Leitmotives a Wagner. De ahí, por ejemplo, que un político con sus nutridos antecedentes concluya de pronto que la instalación de almacenes para residuos nucleares “debe realizarse con consenso”, como si no se hubiera hartado de imponer decisiones por mayoría al conjunto de la sociedad durante años. Otra mentira temática socialista es suponer que la coacción política es pura abnegación. De ahí esta perla: “El Gobierno no va a consentir que se menoscaben los derechos inalienables de ninguna persona; que por un truco de un Ayuntamiento haya familias que se queden sin asistencia sanitaria o sin que sus hijos puedan acudir a la escuela”. Parece como si todo el problema fuera ajeno a la intervención pública y todos los costes los pagara sólo el propio Smiley de sus generosos bolsillos. Dirá usted: no hay mal ni Gobierno que cien años dure, y ya vendrá el PP. Ya, ya. Si viene con la claridad de ideas que ha desplegado sobre los residuos nucleares, barrunto que no notaremos la diferencia con el PSOE. Y en cuanto a perlas sobre la inmigración, escuche este vaporoso tema melódico de Barbie que parece sacado del baúl más lírico de Smiley: “Creo que si los derechos de sanidad o educación no los garantizara el padrón, sino que se garantizaran por el mero hecho de ser seres humanos, sin ningún documento, ya nos evitaríamos muchos problemas”. Ya, ya.