Ayer se conoció la edición correspondiente al año 2010 del ‘The State of Our Unions’, un estudio sobre la salud del matrimonio y la familia en EE UU que publican conjuntamente el National Marriage Project de la Universidad de Virginia y el Center for Marriage and Families del Institute for American Values.
Los datos (de los que incluyo un resumen debajo) no aportan grandes sorpresas. Se confirma que el compromiso que supone el matrimonio les resulta arduo a un número creciente de norteamericanos, con el consiguiente perjuicio para los más débiles. Además, se confirma también que los más cultos y con mayor capacidad adquisitiva son los que más se casan y menos se divorcian, así como el proceso de la feminización de la pobreza.
En todo caso, hay que felicitar a sus autores, Bradford Wilcox y Elizabeth Marquardt, y confiar en que pronto seamos capaces también aquí de contar con instrumentos semejantes.
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Matrimonio: la tendencia de los últimos años indica que los norteamericanos se casan cada vez menos, y los últimos datos confirman que la tasa de nupcialidad sigue descendiendo. De los que se casan, siguen siendo menos las parejas que consideran su matrimonio “muy feliz” respecto a los 70, pero desde entonces ese dato se mantiene inalterable.
Divorcio: la tasa casi duplica la de 1960, pero sigue descendiendo desde su culmen a principios de los 80. La media de posibilidades que tiene una pareja que se casa por primera vez de terminar en divorcio está entre el 40% y el 50%.
Convivencia extramatrimonial: el número de parejas que no se casa ha aumentado mucho en las últimas cinco décadas. La mayoría de jóvenes tiende a vivir en pareja sin casarse, y esa convivencia extramatrimonial precede a la mayoría de los nuevos matrimonios.
Pérdida de la orientación hacia los hijos: La presencia de niños -tanto si se mide por la tasa de fertilidad como por el número de hogares con hijos- ha descendido significativamente desde 1960. Otros indicadores apuntan a que ese descenso ha reducido la orientación a los hijos y ha debilitado el matrimonio como institución.
Familias débiles con hijos: el porcentaje de niños que crecen en familias débiles -la mayoría, monoparentales- ha aumentado mucho en el último medio siglo. Esto se debe al aumento del divorcio, de familias monoparentales y de convivencia extramatrimonial. La tendencia a la debilidad de la familia se estabilizó a finales de los 90, pero los últimos datos muestran un cierto incremento.
Actitud de los adolescentes: la aspiración de los adolescentes de ambos sexos a “un buen matrimonio y vida de familia” se mantiene muy alta desde hace décadas. En el caso de los chicos, ese deseo es un 10% menor que en las chicas, y también son algo más pesimistas respecto a la estabilidad del matrimonio. Ambos sexos se muestran tolerantes con estilos de vida que se consideran alternativos al matrimonio, incluyendo las madres solteras y la convivencia extramatrimonial.







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