Lo bueno de tener experiencia en el cargo para el que te designan es que cuando tomas posesión no te sientes como un pulpo en un garaje. Lo malo, que siempre rebuscarán en tu pasado para lanzártelo a la cara. Ya lo han intentado con Morenés en su primera comparecencia, y lo intentarán una y otra vez. Ayer se defendió bien, subrayando que no tiene ninguna hipoteca pasada y que «el ministro merece la confianza de que ha venido a hacer las cosas bien», lo cual es bastante justo.

El ministro de Defensa llegó a la Comisión del asunto en el Congreso y, aparte de tener serios problemas con la jarra de agua, hizo una exposición sin muchos anuncios concretos pero con interesantes planteamientos. En primer lugar porque nos empezamos a acostumbrar a que alguien hable sin eufemismos: la patria es la patria y la guerra es la guerra y no pasa nada por decirlo y, sobre todo, porque como bien dijo, «los muertos merecen respeto». En segundo término por su constante insistencia en que la política de Defensa es una política de Estado y en ella deben estar implicados todos los actores de la sociedad. Así, apeló a la conciencia de Defensa, mucho más allá de la «cultura de Defensa», en tanto en cuanto la primera incluye a toda la sociedad en un interés común que trasciende a la valoración que en el CIS se hace de las Fuerzas Armadas. Sobre esa idea de implicación de todos construyó un discurso muy enfocado a un futuro sostenible más allá de los cuatro, ocho o doce años que gobierne el PP y marcado a día de hoy por una necesaria austeridad que invita a un pragmatismo del que ayer ya hizo gala.

Aunque los titulares hablen de su lucha contra los eufemismos y de la nacionalidad a los extranjeros, quizá el proyecto de más calado que presentó ayer Morenés se sustenta en esa «Visión Fuerzas Armadas 2025» que le ha encargado al jefe de Estado Mayor de la Defensa. A través de ese texto pretende orientar un escenario de financiación estable y una definición de capacidades necesarias de los ejércitos y la Armada, diseñando las Fuerzas Armadas de los próximos trece años, un camino que se inició en la Directiva de Defensa Nacional y que tuvo en una flojísima Estrategia Española de Seguridad un mal continuador. En ese documento se deberá plasmar un concepto estratégico vital para España y, sobre todo, para las Fuerzas Armadas.

En un futuro más inmediato se acometerá una revisión de nuestras operaciones en el exterior, para las que aún hay dinero, y del despliegue geográfico de las unidades de las Fuerzas Armadas, lo cual se puede traducir en una reducción de estructuras y cuarteles si se antoja necesario, algo que ya han acometido otros países de nuestro entorno como Alemania.

Las cuestiones de personal, y dando por contado ya el compromiso electoral de la concesión de nacionalidad a los extranjeros que cumplan más de dos años de servicio en los ejércitos y la Armada, tienen aspectos muy reseñables. Se comprometió a resolver los problemas generados por la Ley de la Carrera Militar y la de Tropa y Marinería, algo que, especialmente en el caso de la primera, mucha gente está ansiando. Ayer no especificó soluciones, y muchos esperan que lo haga pronto porque es una losa que pesa demasiado sobre demasiada gente. El ministro anunció el refuerzo de la protección social y el apoyo al entorno familiar de los militares, algo fundamental. Una política fuerte en este sentido es necesaria desde hace mucho tiempo, sobre todo en acciones de apoyo al personal en sus cambios de destino y cuando son enviados a misiones en el exterior, y por supuesto, a sus familias, que son las que hacen grandes sacrificios calladamente. Morenés también insistió en la idea de facilitar la continuidad o vinculación de los heridos en acto de servicio en el servicio activo en las Fuerzas Armadas. Tiene alguna complicación legal, pero es una cuestión de justicia que eso se lleve a término. Y dos últimos puntos: la promoción a la escala de suboficiales y oficiales, un desatasco imprescindible en la carrera de muchos militares, y la especial atención a los reservistas voluntarios.

Las líneas generales están claras, ahora habrá que esperar qué derroteros toma y que margen de actuación tiene viendo las dificultades económicas y el terrible reto de afrontar una deuda gigante. En resumen, austeridad, pragmatismo, apoyo al personal y recortes. No será como en Estados Unidos, pero no va a ser fácil.

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