En mi opinión, la polémica que ha surgido por la calificación de la muerte de una mujer a manos, presuntamente, de su exnovio muestra hasta qué punto la opinión publicada se aleja de la realidad, como han señalado ya algunas críticas. 

Es cierto que el término ‘género’ es deudor de una determinada ideología, que cada día pierde más partidarios por su falta de conexión con la realidad. Es cierto que si la relación de pareja se plantea esencialmente como una lucha tiene muy poco futuro. Y también es cierto que una aspiración a la necesaria igualdad que se fundamenta en la permanente reivindicación de la desigualdad no puede progresar mucho.

Pero me parece que hay que decir algo más: la consistencia de las relaciones de pareja depende de que no se limite a ellos dos, sino que se inserte en ese ‘entorno familiar’ al que algunos parece que tienen alergia. Y cuando hay violencia, afecta también al resto de la familia, especialmente a los hijos, que son sin duda la parte más débil y las víctimas habitualmente más olvidadas de este tremendo problema que, además, no para de crecer.

Y no solo eso. Mientras la solución no vaya a la causa más profunda, que es precisamente esa consideración de que las relaciones de pareja sean un asunto individual, al margen de la familia.