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Aquella misa en Lovaina

La Razón
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El día de su asesinato yo estaba en Lovaina. La misa de entonces la concelebré en su recuerdo, con otros sacerdotes y un montón de fieles que se unieron en una eucaristía emocionante. No le conocía personalmente pero dejó sentir su magisterio y su estela entre nosotros en Iberoamérica, donde trabajé tantos años, su doctrina y compromiso. Monseñor fue un mártir , un santo desconcertante que dio testimonio, un hombre que dedicó su vida a los pobres y que fue una bendición de Dios. Antes, a los cristianos se les asesinaba por confesar su fe en Dios; hoy, por confesarla en el hombre. Su asesinato fue la reacción a esa búsqueda que él abanderaba de justicia social, que se identificaba con teorías marxistas y comunistas cuando era todo lo contrario. Guatemala, El Salvador, Perú y Bolivia fueron durante muchos años países convulsos situados en el punto de mira de quienes pretendieron acallar una lucha en favor de los más necesitados, de los que reclamaban sus derechos, de aquellos que no tenían que comer. Y todo eso despertó un enorme recelo entre los militares que vieron en sacerdotes como Monseñor Romero un peligro. Su beatificación es hoy una verdadera alegría para todos nosotros.

*Obispo emérito de Corocoro