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El Papa pide a la Virgen «concordia entre los pueblos»

Francisco aterrizó ayer en el Santuario de Fátima como «peregrino de la luz» y rezó en portugués acompañado de más de 300.000 fieles «por el derribo de muros».

  • El Papa celebra la misa de las velas
    El Papa celebra la misa de las velas
  • El Papa Francisco reza en el interior de la capilla del santuario de Fátima
    El Papa Francisco reza en el interior de la capilla del santuario de Fátima
Álvar de Juana.  Fátima.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de mayo de 2017. 01:55h

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Ya dijo hace unos días que acudía a Fátima como peregrino de esperanza y de paz, y ayer lo volvió a remarcar ante un millón de personas que abarrotó este pequeño pueblo de Portugal, donde hace ahora cien años la Virgen se apareció a tres pastorcitos mientras llevaban a pastar las ovejas.

La de Fátima es una de las visitas más esperadas del Pontificado de Francisco. No tiene ninguna connotación política, pero sí un fuerte contenido espiritual. Las apariciones en esta pequeña localidad son de las pocas aprobadas en su totalidad por la Iglesia. También la que más incertidumbre ha suscitado a lo largo de la historia por los tres mensajes que la Virgen les dio a los niños.

Francisco es el cuarto Pontífice que visita este lugar después de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Pero en su caso, Bergoglio ha querido despojar a esta visita de todo lo que no tuviese un marcado carácter de fe y recordar así que la Virgen se apareció a gente sencilla a la que pidió orar y les confirió la misión de dar a conocer su mensaje.

Tras su llegada a la base aérea de Monte Real y saludar al presidente del país, Marcelo Nuno Duarte Rebelo de Sousa, Francisco fue trasladado en helicóptero al estadio de Fátima, cerca del Santuario. Poco después, llegó a la explanada, donde los peregrinos estallaron en aplausos y gritos de alegría. Su primera visita fue a la Capilla de las Apariciones, el lugar histórico en el que la Virgen se apareció a los tres niños. La capilla está dentro de otra más grande y moderna en la que a diario se reza el rosario y desde la que se saca en procesión a la Virgen.

Allí oró en silencio ante la imagen de Nuestra Señora de Fátima y pronunció una oración en la que imploró «la concordia entre todos los pueblos del mundo» y se presentó como «profeta y mensajero para lavar los pies a todos, entorno a la misma mesa que nos une». Después, Francisco regaló una Rosa de Oro a la Virgen, una distinción que los Papas otorgan a personalidades o santuarios, iglesias o ciudades, en reconocimiento a los servicios dados a la Iglesia o al bien de la sociedad. Un gesto que también hicieron Pablo VI y Benedicto XVI cuando visitaron este lugar.

Por la noche, el Pontífice participó de la vigilia de oración, y después de rezar el rosario aprovechó, una vez más, para hablar de la misericordia de Dios y pedir a los files no juzgar a los demás, sino buscar el perdón. «Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer –como enseña el Evangelio– que son perdonados por su misericordia». «Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia», recordó.

Al tiempo que hablaba, el silencio se apoderó de toda la explanada del Santuario. Y los peregrinos, con las velas encendidas, escucharon atentos sus palabras. A continuación, pidió dejar de lado «cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado». «Siento que Jesús os ha confiado a mí y a todos os abrazo y os confío a Jesús, especialmente a los más necesitados, como la Virgen nos enseñó a pedir», dijo en su saludo en la vigilia de oración.

Como aquellos sencillos pastorcitos, el Papa también tuvo muy presente a los «necesitados», «desheredados» e «infelices» de nuestro tiempo y rezó para que la Virgen, les otorgue la bendición del Señor. «Que, sobre cada uno de los desheredados e infelices, a los que se les ha robado el presente, de los excluídos y abandonados a los que se les niega el futuro, de los huérfanos y las víctimas de la injusticia a los que no se les permite tener un pasado, descienda la bendición de Dios encarnada en Jesucristo».

Por otro lado, al recordar unas palabras de Pablo VI, Francisco manifestó que «si queremos ser cristianos, tenemos que ser marianos, es decir, hay que reconocer la relación providencial que une a la Virgen con Jesús, y que nos abre el camino que nos lleva a él».

Pero para ello, en su opinión, hace falta ser humilde, así que el Papa peregrino invitó ser agradecidos con Dios porque «la misericordia que tuviste con todos tus santos y con todo tu pueblo fiel la tuviste también conmigo».

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