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Kiko Argüello: «Sin Carmen Hernández, el Camino Neocatecumenal no existiría»

El Papa se sumó al funeral celebrado en La Almudena a través de una carta en la que invita a mantener su «ardor apostólico».

  • Kiko Argüello, inciador del Camino Neocatecumenal, ante el féretro de Carmen Hernández en La Almudena
    Kiko Argüello, inciador del Camino Neocatecumenal, ante el féretro de Carmen Hernández en La Almudena

Tiempo de lectura 2 min.

22 de julio de 2016. 00:00h

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Fran Otero 21/7/2016

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La Catedral de La Almudena se llenó ayer –y la plaza exterior también– para despedir a Carmen Hernández, iniciadora junto a Kiko Argüello del Camino Neocatecumenal, que falleció el pasado martes en Madrid. Como no podía ser de otra forma, fue un funeral, una celebración marcada por las particularidades litúrgicas del Camino Neocatecumenal y aprobadas por la Santa Sede –una de ellas, la comunión bajo las dos especies: la Sangre y el Cuerpo de Cristo–, o los cantos, tomados en su mayoría de la Biblia con la música de Kiko Argüello. Fue este último el que inició con sus palabras la despedida de la que fue su compañera en la evangelización durante tantos años: «Sin ti, Carmen, el Camino no existiría. (...) Espero continuar con todo el follón que Dios ha permitido que hiciéramos juntos». Un «follón» que se resume en 30.000 comunidades, más de millón y medio de hermanos, 107 seminarios y 6.800 parroquias en 128 países.

En esos primeros instantes también se hizo presente el Papa Francisco a través de una carta que leyó el nuncio en España, Renzo Fratini. El Pontífice destacó su «ardor apostólico» y el testimonio que ha hecho de ella una mujer «que ha gastado su vida en el anuncio de la Buena Noticia en cada lugar, también a aquellos más alejados, no olvidando a las personas más marginadas. Así, Francisco invitó a los que la han conocido y a los que forman parte del Camino Neocatecumenal a «mantener viva su ansia evangelizadora».

El funeral fue presidido por el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, al que acompañaron numerosos obispos y sacerdotes. Entre ellos, los cardenales Stanislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos; Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid; Antonio María Rouco, arzobispo emérito de Madrid; y Carlos Amigo, arzobispo emérito de Sevilla. En su homilía, Osoro puso de manifiesto que el encuentro con Jesús «provocó en Carmen un deseo misionero irresistible». Una tarea que realizó desde sus tres grandes pasiones, según destacó el arzobispo madrileño: «Puso la vida al servicio de este anuncio; sintió la urgencia de vivir con un testimonio sincero y valiente, realizado desde su carácter franco y con un lenguaje directo; todo vivido con un gran amor a la Iglesia: su papel en la redacción del estatuto del Camino aprobado por la Santa Sede, la defensa de la mujer y su papel en la Iglesia, su sincero amor al Sucesor de Pedro».

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