lunes, 24 abril 2017
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Religión

Lleno en la misa que todos querían ver

  • Unas 600 personas acudieron a la iglesia de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, cuya Eucaristía fue emitida por La 2. «La palabra del Señor no rompe, ni maltrata ni elimina a nadie», dijo Osoro.

El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ayer, durante la homilía de la misa celebrada en la iglesia de Santa Teresa Benedicta de la Cruz en Arroyo del Fresno (Madrid), que tuvo como eje central el Día del Seminario
El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ayer, durante la homilía de la misa celebrada en la iglesia de Santa Teresa Benedicta de la Cruz en Arroyo del Fresno (Madrid), que tuvo como eje central el Día del Seminario

Son las 10:25. Las puertas de la Iglesia de Santa Teresa Benedicta de la Cruz continúan abiertas para los más rezagados. Sigue llegando gente, entre ellos muchos niños, acompañados por sus padres en un día especialmente señalado para estos últimos. En una rotonda cercana, una furgoneta de la Policía Nacional, con al menos dos agentes, contempla el panorama con atención. Dentro del templo, un grupo de 17 estudiantes, la mayoría chicas, ensaya las canciones que han preparado para la ocasión. Carlos, de 18 años, afina la guitarra y repasa una vez más los acordes. Confiesan que algunas se las saben mejor que otras. Y hay nervios. No en vano, no sólo les van a oír; también les van a ver. Nunca antes habían tenido tanto público. A los 600 feligreses que llenaron la iglesia se les podrían unir 1,3 millones de personas. Esos fueron los televidentes que siguieron la anterior misa televisada por La 2, entonces desde el seminario San Jerónimo de Alba de Tormes (Salamanca). Ayer, la unidad móvil de TVE, con cinco cámaras a bordo y su director, Juan Carlos Ramos, a los mandos, se trasladó a Santa Teresa Benedicta de la Cruz, templo situado en el madrileño barrio de Arroyo del Fresno. Por sexta vez en sus 14 años de historia, la iglesia salía en la «tele». Sin embargo, nunca antes había congregado tanta expectación.

Después de que Pablo Iglesias, líder de Podemos, pidiera a la televisión pública que dejase de retransmisir la celebración católica, se produjo un «efecto rebote», pergeñado en las redes sociales, para conseguir que la emisión obtuviera la mayor audiencia posible. ¿El resultado? Un impresionante 21,3% de «share». Parece difícil repetirlo, pero, por si acaso, los vecinos y feligreses de Arroyo de Fresno estarán atentos a los resultados de los audímetros. El cardenal y arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, presidió la misa. Y salvo su presencia, según cuentan en el lugar, la celebración no presentó grandes diferencias respecto a las que tienen lugar cada domingo. En esta ocasión, el eje central fue el Día del Seminario. Junto a Osoro se encontraba José Millán Calvo, párroco de la iglesia, así como el rector del seminario, dos formadores, el vicario de la zona y dos sacerdotes. «No endurezcáis vuestro corazón. Escuchad la voz del Señor», dijo a los congregados el arzobispo de Madrid, en referencia a la lectura del salmo con el que se inició la misa. «Cuando se predica la palabra del Señor, no rompemos a nadie, no maltratamos a nadie, no eliminamos a nadie», prosiguió, y añadió: «Tendemos a ideologizarlo todo. Jesús no es una ideología, no es una idea. Es una persona que nos mueve a entregarnos a los demás». A estas alturas, los feligreses ya se amontonaban de pie casi a las puertas de la iglesia.

«Tenemos que mirar fuera de nuestras fronteras», decía Pablo, uno de los asistentes. «La misa se transmite en Alemania, Francia, Italia... Es una manifestación de fe», añadía. «Ojalá hubiera una manifestación pacífica de los católicos. La gente está dormida mientras nos quieren quitar lo nuestro», afirmaba Mercedes, una vecina del barrio. Luciano Ochoa, responsable de la web del templo –«tenemos ya 20.000 visitas», dice–, resume el sentir de todos: «Hemos tenido padres, porque algunos ya no los tenemos, para los que la retransmisión de la misa era un bien social». De ello da fe el párroco, José, que casi rompe a llorar el día de su santo tras recibir la llamada de una vecina y, ayer, telespectadora: «Se ha emocionado al ver la misa por televisión», confesaba.

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