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El Papa llama a trabajar para dar dignidad a los inmigrantes y los «descartados»

Francisco ha bendecido dos obras sociales de la arquidiócesis de Cartagena

  • El Papa visita la parroquia del barrio de San Francisco en Cartagena
    El Papa visita la parroquia del barrio de San Francisco en Cartagena
L.R.R. 

Tiempo de lectura 4 min.

10 de septiembre de 2017. 19:09h

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El Papa Francisco llamó a trabajar para dar dignidad a todos los excluidos marginados por la sociedad, los inmigrantes y los que sufren violencia y trata de personas, durante su mensaje antes del rezo del Ángelus en Cartagena, última etapa de su viaje a Colombia.

Tras visitar el santuario san Pedro Claver, el jesuita español conocido por su defensa de los esclavos africanos que llegaban al Nuevo Continente, Francisco celebró el Ángelus en la plaza que lleva el nombre del santo.

"Todavía hoy, en Colombia y en el mundo, millones de personas son vendidas como esclavos, o bien mendigan un poco de humanidad, un momento de ternura, se hacen a la mar o emprenden el camino porque lo han perdido todo, empezando por su dignidad y por sus propios derechos", dijo.

Y entonces llamó a "trabajar por la dignidad de todos nuestros hermanos, en especial por los pobres y descartados de la sociedad, por aquellos que son abandonados, por los emigrantes, por los que sufren la violencia y la trata".

"Todos ellos tienen su dignidad y son imagen viva de Dios. Todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, y a todos nosotros, la Virgen nos sostiene en sus brazos como a hijos queridos", agregó.

El Papa argentino eligió visitar en Cartagena dos lugares simbólicos de la desigualdad social existente en Colombia, la barriada marginada de San Francisco y la casa del santo.

En su discurso tras visitar la casa de San Pedro Claver y rezar ante sus restos, Francico contó la historia del lienzo con la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la patrona de Colombia" para compararlo con las historias de marginación.

"Durante un periodo largo de tiempo esta imagen estuvo abandonada, perdió el color y estaba rota y agujereada. Era tratada como un trozo de saco viejo, usándola sin ningún respeto hasta que acabaron desechándola", explicó

Fue entonces cuando, continuó el pontífice, "una mujer sencilla, la primera devota de la Virgen de Chiquinquirá que, según la tradición, se llamaba María Ramos, vio en esa tela algo diferente. Tuvo el valor y la fe de colocar esa imagen borrosa y rajada en un lugar destacado, devolviéndole su dignidad perdida".

"Supo encontrar y honrar a María, que sostenía a su Hijo en sus brazos, precisamente en lo que para los demás era despreciable e inútil", destacó.

Francisco uso este ejemplo para elogiar a quienes "de diversas maneras, buscan recuperar la dignidad del hermano caído por el dolor de las heridas de la vida, de aquellos que no se conforman y trabajan por construirles una habitación digna, por atender sus necesidades perentorias".

Recordó que Isabel, una mujer indígena, y a su hijo Miguel, "les dio la capacidad de ser los primeros en ver transformada y renovada esa tela de la Virgen" porque "son los pobres, los humildes, los que contemplan la presencia de Dios, a quienes se revela el misterio del amor de Dios con mayor nitidez".

Sobre Pedro Claver explicó que el jesuita se hizo llamar "esclavo de los negros para siempre" y que esperaba las naves que llegaban desde África al principal mercado de esclavos del Nuevo Mundo.

"Muchas veces los atendía solamente con gestos evangelizadores, por la imposibilidad de comunicarse, por la diversidad de los idiomas. Sin embargo, Pedro Claver sabía que el lenguaje de la caridad y de la misericordia era comprendido por todos", explicó.

"Incluso cuando repugnaban, porque pobrecitos venían en un estado terrible, él les besaba las llagas", agregó.

San Pedro Claver "ha testimoniado en modo formidable la responsabilidad y el interés que cada uno de nosotros debe tener por sus hermanos"

Y por ello, recordó Francisco, "debió enfrentar duras críticas y una pertinaz oposición por parte de quienes temían que su ministerio socavase el lucrativo comercio de los esclavos".

El Papa Francisco llegó a Cartagena, en medio de música, cantos y la alegría propia del Caribe colombiano, en lo que será última escala de su visita a Colombia.

En cuanto el avión de Avianca que lo transporta aterrizó en el aeropuerto Internacional Rafael Núñez, la multitud empezó a gritar "Te queremos Papa, te queremos", mientras una banda folclórica interpretaba canciones dedicadas al pontífice.

Al bajar del avión, Francisco apareció sonriente y, al saludar al arzobispo de Cartagena, Jorge Enrique Jiménez Carvajal, le dio un afectuoso abrazo.

También formaron parte del comité de bienvenida el gobernador del departamento de Bolívar, Dumek Turbay; el alcalde encargado de Cartagena, Sergio Londoño Zurek, y varias autoridades militares.

Niños vestidos con traje típicos le regalaron al Papa un sombrero vueltiao, símbolo de la cultura colombiana, que de inmediato se puso.

Antes de subirse al vehículo en el que recorrerá 3,5 kilómetros hasta la Plaza San Francisco, en pleno centro histórico de la ciudad caribeña, el sumo pontífice asistió a una coreografía preparada por 300 jóvenes e inspirada en la dignidad de las personas y en la cultura local.

Al finalizar la presentación, la cantante del grupo se acercó al pontífice, se arrodilló ante él y le abrazó entre lágrimas.

Calurosa despedida en Bogotá

Una multitud tomó las calles de Bogotá para despedir al Papa Francisco, que abordó el Papamóvil en la puerta de la Nunciatura Apostólica en dirección a la base militar de Catam, donde tomó un avión a Cartagena.

Este último recorrido en el Papamóvil no estaba previsto, pero ayer el Papa decidió que lo haría para agradecer la calurosa acogida que le han brindado los colombianos desde que llegó al país, el pasado miércoles.

Ya subido en el Papamóvil, el pontífice bendijo a miles de miles de fieles de todas las edades, abrazó y besó niños e incluso una mujer enferma, con gorro y mascarilla, logró subir al vehículo y recibir el abrazo y la bendición del pontífice.

Los bogotanos respondieron con creces al gesto y madrugaron para formar un verdadero río humano a lo largo de los quince kilómetros que separan la Nunciatura de la base aérea, anexa al aeropuerto internacional El Dorado de Bogotá.

La multitud parece ser incluso mayor que la que el pasado miércoles cuando, según las autoridades, más de un millón de personas salieron a las calles para ver a Francisco en su llegada a Colombia.

Durante todo el recorrido de hoy, en una mañana soleada, la emocionada multitud gritaba "Francisco, Francisco" al tiempo que agitaba pañuelos blancos y banderas de Colombia y del Vaticano para demostrar su afecto al pontífice.

"Siento que valió la pena para mí y las demás personas que estaban ahí esperar el tiempo que fuera necesario por una mirada de él, porque es un hombre muy lleno de Dios, que inspira mucha esperanza", dijo a Efe Martha Ortega, una mujer que se mostraba satisfecha porque logró verlo "por un segundo".

La Policía desplegó miles de agentes a pie y en motocicletas para mantener el orden en el camino y evitar incidentes como los ocurridos en los días previos en Bogotá, Villavicencio y Medellín, cuando algunos espontáneos se atravesaron al paso del Papamóvil para tratar de tocar al obispo de Roma.

Pese al despliegue policial, en algunos puntos de la Avenida El Dorado la gente era tan numerosa que se formó un embudo que obligó a la caravana a aminorar la velocidad.

La gente no escatimó esfuerzos para ver al sonriente Francisco y mientras unos copaban los viaductos y puentes peatonales, otros se encaramaban en los árboles para tener el mejor ángulo de visión

Efe

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