domingo, 28 mayo 2017
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Religión

El trienio de la Conferencia Episcopal Española ha llegado a su fin. Desde el mediodía de hoy comienza uno nuevo, el decimoctavo de su historia. En 2014, los obispos, con 60 votos de 79 emitidos, eligieron para pilotar la travesía del comienzo del pontificado de Francisco al arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, quien un año después recibió, además, la púrpura cardenalicia. La CEE no es la súper dirección general de una «multinacional», repleta de poderes ejecutivos y vinculantes. Es un organismo de servicio, comunión y misión, un sujeto de sinodalidad, que acaba de recordar el cardenal. El talante con el que durante estos tres años ha llevado el timón de la CEE Blázquez ha querido responder a estas señas de identidad. El trienio arrancó tras la visita «ad límina» de los obispos españoles a Francisco, quien llamó a situarse en estado de misión permanente, a abrir nuevos caminos al Evangelio en medio de una sociedad pluriforme, magnífica, herida y contradictoria, a ser Iglesia en salida. Blázquez ha caminado por esta senda. Así, estos tres años marcados por dos grandes acontecimientos –el V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús, y el 50 aniversario de la CEE–, han mostrado también la misión e identidad de una institución de estas características y lo ha hecho con el perfil discreto, prudente y amable de su presidente. La promulgación de los nuevos Leccionarios y el nuevo Misal y el Catecismo para la iniciación cristiana «Testigos del Señor» y las instrucciones pastorales «Iglesia, servidora de los pobres» y «Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo», amén del Plan Pastoral 2016-2020 «Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo» han sido sus principales y significativos hitos, en pro de esa Iglesia misionera y para los pobres, que tanto necesitamos.

*Director de «Ecclesia» y de «Ecclesia digital»

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