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Así luchan los científicos españoles contra la muerte

María Blasco y Juan Carlos Izpisúa presentan en la Cumbre Internacional de Longevidad y Crioperservación sus últimos avances.

  • Juan Carlos Izpisúa
    Juan Carlos Izpisúa
J. V. Echagüe. 

Tiempo de lectura 4 min.

26 de mayo de 2017. 12:23h

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El envejecimiento es un proceso reversible. Esta es la idea que comparten de forma unánime los científicos e intelectuales reunidos en la I Cumbre Internacional de Longevidad y Criopreservación que se celebra estos días en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid. La cita, organizada por la Fundación Vidaplus, coincide con el 50 aniversario del primer trasplante de corazón y del primer ser humano congelado criogénicamente y reúne a más de 40 expertos que creen firmemente que, tras un hito como el haber doblado la esperanza de vida en el siglo XX, ya es hora de dar un nuevo salto cuantitativo y cualitativo.

Entre ellos se encuentran María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), y Juan Carlos Izpisúa, investigador del Salk Institute (EE UU). Blasco centró su conferencia en el uso de telomerasa. Se trata de una enzima que permite el alargamiento de los telómeros, los extremos de los cromosomas, y cuya mayor longitud se asocia a una vida más larga. Así, estudió la aplicación de la telomerasa en ratones que sufrían fibrosis pulmonar. La enzima no sólo provocó que la inflamación de los pulmones se redujera. «La mitad de los ratones se había curado», aseguró. Del mismo modo, en aquellos ratones que vieron reducidos sus telómeros «aumentó la fibrosis». Blascó negó asimismo que la telomerasa pueda producir cáncer, como algunas voces sostienen. «Se evidencia que los telómeros cortos constituyen una de las causas de enfermedades asociadas al envejecimiento. Y si retrasamos el envejecimiento, podemos impedir las enfermedades asociadas al mismo», concluyó.

Por su parte, Izpisúa trazó varias de sus líneas de investigación. Una de las más recientes parte de un curioso animal, el ajolote mexicano, y más concretamente en su capacidad de regeneración. «No sólo puede regenerar sus extremidades, sino cualquier otro órgano. Es realmente increíble. Nuestro objetivo es encontrar las claves celulares presentes en este proceso», afirmó el investigador. Así, sus pesquisas se centran en unas células llamadas progenitoras, es decir, las células que se encuentran un estado en el que «vuelven atrás en su historia embrionaria y ponen en marcha todo el mecanismo de regeneración». Su equipo ha comenzado a archivar células progenitoras de distintos órganos del embrión humano. Estas células se inyectarán en el embrión de un cerdo, un animal cuya gestación es muy similar a la de un ser humano, «en el momento en que comience a formarse el riñón del cerdo». «Se trata de células que sólo saben formar el órgano del que proceden, en este caso, el riñón. Estamos extendiendo esta tecnología a muchos otros tejidos», explicó. Ahora bien, la investigación se encuentra «en un estado preliminar. Es muy probable que, tras estas pruebas, haya que volver al laboratorio».

Izpisúa también se centró en las nuevas herramientas para modificar nuestro genoma, especialmente «en las células que no se dividen, que son el 95%». Así, han desarrollado una herramienta, llamada HITI, que modifica el genoma en aquellas células que no se dividen, y que ya ha sido capaz de atajar enfermedades como la retinitis pigmentaria en roedores. «Nuestro objetivo es extender esta tecnología a cualquier otra enfermedad celular», afirmó. Así, recordó que Carlos López-Otín, bioquímico de la Universidad de Oviedo, ha conseguido que ratones inducidos con la enfermedad de Hutchinson Gilford, trastorno raro que produce un envejecimiento prematuro de los niños, vivan cuatro veces más tras aplicar esta herramienta de edición del genoma.

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