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Cassini: Suicidio asistido en el espacio

La Agencia Espacial estadounidense (NASA) confirma que la sonda Cassini, tras haber agotado la práctica totalidad de su combustible, se adentró en la atmósfera de Saturno, donde acabó desintegrándose, tal y como estaba previsto.

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Jorge Alcalde.  Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

15 de septiembre de 2017. 20:47h

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Jorge Alcalde.  Madrid. 15/9/2017

La última señal envíada por la nave Cassini, antes de desintegrarse en la espesa atmósfera de Saturno, ha sido recibida en la Tierra a las 11.55 UTC, en la estación de Canberra (Australia).

Según el plan previsto, la “zambullida final” de la nave espacial comenzó a las 08.37 UTC con una maniobra de 5 minutos para posicionar el instrumento INMS para un muestreo óptimo de la atmósfera, que transmitió datos científicos en tiempo casi real hasta el final de la misión.

A las 11.53 UTC Cassini entró en la atmósfera de Saturno. Sus propulsores se activaron al 10 por ciento de su capacidad para mantener la estabilidad direccional, permitiendo que la antena de alta ganancia de la nave espacial permaneciera apuntando a la Tierra y haciendo posible la transmisión continua de datos.

Un minuto después, los propulsores de la Cassini operaban al 100 por ciento de su capacidad. En ese momento, las fuerzas atmosféricas anulan la capacidad de los propulsores para mantener el control de la orientación de la nave espacial, y la antena de alta ganancia pierde su orientación hacia la Tierra. A las 11.55 se recibió la última señal, según informó la NASA en su cuenta de Twitter.

En este momento, que según los científicos de la misión tuvo lugar a unos 1.510 kilómetros por encima de las nubes de Saturno, la comunicación de la nave espacial cesó, concluyendo la misión. La nave espacial debió romperse como un meteorito momentos después.

Así, si usted estaba leyendo este periódico antes de las 13:55 horas de hoy (11.55 UTC) podría decir que la especie humana seguía teniendo una nave espacial enviada por ella en las proximidades de Saturno. Si lo está leyendo más tarde, sabrá que esa nave ya está hecha fosfatina, convertida en polvo caliente desperdigado por la superficie del planeta anillado. Y es que, justo a esa hora, el equipo de control desde Tierra de la nave Cassini ha perdido todo contacto con el aparato y éste ha empezado su viaje final hasta impactar en el viejo y lejano Saturno.

Se ha puesto así fin a un viaje que comenzó el 15 de octubre de 1997, cuando la nave fue lanzada al espacio junto a su sonda acompañante Huygens desde Cabo Cañaveral, a bordo de un cohete TitanIVb Centauro. Casi 20 años (y 3.620 millones de dólares) después, este aparato bautizado en honor al astrónomo contemporáneo de Newton y descubridor de satélites saturnianos habrá acabado su misión convirtiéndose en la primera nave que se adentra entre los famosos anillos del planeta.

La muerte de Cassini estaba anunciada desde su propio nacimiento. Los ingenieros de la NASA sabían que tarde o temprano el aparato se quedaría sin combustible nuclear y sería imposible controlar su trayectoria.

Eso ocurriría, si todo salía como estaba previsto, en las proximidades de Saturno y tal día como hoy. Perdido el control, la nave podría impactar en cualquier lado. Entre los posibles destinos del impacto estaban dos lunas muy peculiares, Encelado y Titán. Ambas, satélites naturales cubiertos de agua helada, son dos tesoros para la ciencia ya que se encuentran entre los pocos mundos del Sistema Solar candidatos a albergar vida. Si una Cassini descontrolada hubiera impactado en ellos, arrojando la carga radiactiva de su motor RTG, habría imposibilitado para siempre cualquier exploración futura y quizás cualquier esperanza de encontrar actividad biológica fuera de la Tierra. Así que había que programar un suicidio asistido. Eso es lo que hoy habrá tenido lugar a las 13:55.

A las 13:53, Cassini entró en la atmósfera de Saturno a una altura de 1.915 kilómetros de la nube gas que rodea al planeta y en la que la presión es equivalente a la que hay a nivel del mar en la Tierra, 1 bar. La velocidad de caída entonces fue de 113.000 kilómetros por hora. A esa velocidad ha tardado poco en desintegrarse como una pavesa. Si hubiera seres humanos en Saturno, mirando al cielo en la latitud 10 grados Norte en ese momento quizás hubieran visto una estrella fugaz recorriendo el cielo. Pero como el impacto ocurrió en un lugar del planeta donde se veía el Sol de mediodía, el efecto ha sido más parecido al de la estela de vapor de agua que dejan los motores a reacción de los aviones terrestres.

El suicidio asistido de Cassini ha sido una maniobra complicada. En cuanto se ha topado con la atmósfera de Saturno sus motores de control de altitud empezaron a emitir pequeñas llamaradas para ajustar el ángulo de caída y mantener siempre la antena emisora de la nave orientada a la Tierra. De ese modo, se han podido seguir enviando datos del fatídico viaje hasta el último momento. A medida que la atmósfera se ha hecho más densa, los motores tuvieron que aumentar su potencia. Cuando han llegado al 100 % de su capacidad de empuje ya poco más se pudo hacer. El rozamiento de la atmósfera hizo temblar a Cassini y terminó por empezar a dar tumbos como una peonza.

En ese momento, las comunicaciones se perdieron para siempre. En solo dos minutos, Cassini se convirtió en polvo. De todo esto hemos tenido constancia gracias a los datos enviados por su antena y que llegan a la Tierra con 83 minutos de retraso. El último eco de vida de la nave fue recibido en las antenas de la Red de Espacio Profundo de la NASA en Camberra, Australia.

Ese último eco no será una simple despedida. Durante su aproximación final a Saturno, todos los instrumentos científicos de la nave seguían funcionando. Los laboratorios de análisis de plasma y magnetosfera, los sistemas de radio, los espectrómetros de ultravioleta y de infrarrojo seguían registrando datos que servirán para analizar una zona del sistema solar aún inexplorada.

Por ejemplo, se podrá estudiar la composición y la estructura de la atmósfera de Saturno por primera vez. Quizás incluso pueda enviar algunas últimas fotos del planeta y del sistema de anillos que lo rodea como ha venido haciendo justo hasta hoy.

La despedida de Cassini se añade así a la lista de otros logros científicos que ha alcanzado la misión desde su lanzamiento hace dos décadas.

Cassini ha permitido descubrir que hay mundos potencialmente habitables más allá del cinturón de asteroides, donde hasta ahora se pensaba que la lejanía del Sol (diez veces la distancia que separan Sol y Tierra) y el frío imposibilitaban cualquier habitabilidad. Gracias a Cassini sabemos que al menos Encelado y Titán albergan compuestos químicos y fuentes energéticas que podrían alimentar a formas de vida extraterrestres. Fueron sonados los hallazgos de estructuras geológicas en Titán y de géiseres en Encelado que recordaban algunas de las características únicas que hacen a la Tierra un planeta habitable. Pero quizás lo más sorprendente de esta misión haya sido su capacidad para bucear en el sistema de anillos de Saturno, entrando y saliendo de ellos una y otra vez en la última fase de la misión y propiciando una vista nunca antes ofrecida al ser humano de uno de los fenómenos más sorprendentes de la formación del Sistema Solar, la cohorte de fragmentos que componen esos anillos que siempre han fascinado a la ciencia y al arte desde que fueran observados por primera vez en 1610 por Galileo.

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