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La estrella Iota Hor, clave para conocer nuestro sol y el origen de la vida

Un grupo de científicos ha logrado conocer más sobre los ciclos de actividad en la estrella Iota Hor, un cuerpo celeste similar al Sol, mucho más joven, pero que podría ser clave para ahondar en el conocimiento de nuestro astro y para tratar de entender cómo pudo influir su actividad en el origen de la vida.

Este trabajo lo lidera el español Jorge Sanz Forcada, investigador del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), y los resultados se publican en "Astronomy & Astrophysics".

La estrella Iota Hor, en la constelación de Horologium, tiene unos 600 millones de años -el Sol cuenta con 4.500 millones de años- y cada 1,6 años completa un período de actividad -el Sol cada 11 años-.

El Sol, como otros cuerpos, es una estrella activa y variable y un ciclo de actividad viene dado por un máximo y un mínimo de manchas solares, ha explicado a Efefuturo Sanz, quien ha precisado que en la actualidad el Sol está en su ciclo 24, que empezó en 2008.

Las manchas solares se observan sobre la superficie visible del Sol en forma de zonas oscuras y las estrellas como el Sol tienen ciclos de actividad que se manifiestan en sus capas exteriores: fotosfera, cromosfera y corona -la más exterior-, según Sanz.

El ciclo solar dura una media de 11 años y tiene una importante influencia en la Tierra, por ejemplo en el clima o en las auroras boreales -cuando hay más manchas hay más auroras boreales-.

Esto ocurre sobretodo a través de los fenómenos que suceden en la corona.

El también investigador de la red AstroMadrid ha relatado que se sabe de muchas estrellas con ciclo de actividad en la cromosfera pero tan sólo se conocían tres -viejas- con períodos de actividad coronal.

Precisamente, Iota Hor es una nueva candidata para engrosar la lista de estrellas con actividad coronal.

Durante dos años se investigó a esta estrella joven con el satélite XMM-Newton.

"Es la primera vez que se observa un ciclo en rayos X en una estrella activa y que se establecen los ciclos coronales en una estrella similar al Sol en su juventud", ha señalado Sanz.

Estos datos no solo ayudan a entender mejor la física que se esconde tras los ciclos de actividad, sino que proporcionan información sobre la relación entre los ciclos solares y el clima.

Entre las condiciones fundamentales para el origen de la vida en la Tierra está la existencia de una fuente de energía, como puede ser la radiación ultravioleta proveniente del Sol.

Las estrellas jóvenes como Iota Hor rotan más rápido, lo que provoca una mayor actividad que se traduce en mayor emisión de radicación ultravioleta y rayos X que en el Sol actual.

Además de lanzar al medio interestelar vientos cargados con partículas energéticas, esta estrella tiene un ciclo que cuenta con irregularidades, y lo hace con la edad que tenía el Sol cuando surgió la vida en la Tierra, lo cual aporta un dato más sobre las condiciones iniciales, según una nota de AstroMadrid.