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Descubren en Marruecos los fósiles de los primeros ‘Homo sapiens’

El análisis de unos restos hallados en Marruecos revela que datan de hace 300.000 años, 100.000 más que los encontrados en Etiopía

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  • Labores de limpieza en el yacimiento de Marruecos.
    Labores de limpieza en el yacimiento de Marruecos.
J.V. Echagüe Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

08 de junio de 2017. 12:47h

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El libro que recoge la historia de nuestra especie engordó ayer varios capítulos. Si antes teníamos que retroceder 195.000 años para hablar de los primeros restos de Homo sapiens, ahora deberemos sumar unos 100.000, hasta alcanzar los 300.000 años. Y si antaño debíamos apuntar en el mapa al yacimiento de Kibish (Etiopía) como potencial cuna de la humanidad, ahora tendremos que desplazarnos unos 6.000 kilómetros más al oeste: concretamente a Jebel Irhoud (Marruecos). Así lo indican los dos estudios liderados por investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania) y del Instituto Nacional de Arqueología y Patrimonio (Insap) de Rabat (Marruecos), publicados ayer en la revista «Nature».

Lo cierto es que el yacimiento de Jebel Irhoud, a unos 100 kilómetros de Marrakech, era un viejo conocido de la comunidad paleoantropóloga. Ya en los años sesenta del pasado siglo se hallaron en la zona artefactos y fósiles que, sin duda, pertenecían a la Edad de Piedra. Además, en 2004 fueron descubiertos nuevos restos, pasando de seis a 22. Entre ellos se encuentran cráneos, huesos y dientes de unos cinco individuos. Con todo, lo que no estaba claro es si pertenecían a la especie Homo sapiens.

«Los restos se habían datado. Análisis anteriores habían indicado que podían pertenecer a Neanderthales. Se decía que podían ser de hace 40.000, 50.000 años...», afirma a LA RAZÓN José María Bermúdez de Castro, codirector de los Yacimientos de Atapuerca. «Si no son sapiens, tienen que ser ancestros de sapiens seguro», añade. Y es que, para el investigador español, «no son propios de lo que podríamos denominar sapiens ‘‘clásicos’’: su mentón no es tan desarrollado como el nuestro, ni su cerebro es tan globular –es decir, esférico– como el de los sapiens. Me parecen bien sus conclusiones, pero muchos investigadores van a decir que están equivocados. Habrá diversidad de opiniones». Con todo, Bermúdez de Castro considera que «estamos ante un gran trabajo, realizado por un grupo de investigadores muy buenos, de primera fila. Una de las cosas buenas, además, es que se ha puesto en valor un antiguo yacimiento que, si bien no estaba olvidado, sí que es verdad que no estaba valorado». Hay que apuntar que los artífices del presente hallazgo comparan su descubrimiento con el de Atapuerca. Y es que su estudio «podría iluminar la evolución de nuestra especie de manera equivalente a la que los fósiles de la Sima de los Huesos dieron una idea del desarrollo de los neandertales», aseguraron Chris Stringer y Julia Galway-Witham, del Museo de Historia Natural de Londres y partícipes del trabajo.

Por su parte, el paleogenetista Carles Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva, afirmó a Efe que «nuestras definiciones de especies, incluso en organismos vivos, son en buena medida arbritarias. Otra cosa es que el fósil, que tiene rasgos característicos del Homo sapiens –pero no todos– nos indica que, probablemente, el panorama evolutivo que propició el surgimiento de nuestra especie en África sea complejo».

El equipo de científicos tuvo suerte. Muchos de los restos, hechos de pedernal, habían sido calentados en el pasado. Un factor que «nos permitió aplicar métodosde datación de termoluminiscencia, y establecer así una cronología consistente», afirmó Daniel Richter, del Instituto Max Planck. Se trata de instrumentos típicos de los cultivos de la «edad media» de la Edad de Piedra. Y vendría a demostrar que los individuos hallados en Marruecos aprendieron a usar el fuego, tal como hicieron los sapiens.

Con todo, las mayores sorpresas las proporcionaron los análisis de un cráneo parcial y una mandíbula inferior. En este caso, midieron la radioactividad de los sedimentos del yacimiento marroquí. ¿Los resultados? Coincidían plenamente con los de los instrumentos de perdernal. Como afirmaba Bermúdez de Castro, hay diferencias entre los huesos de aquellos primeros humanos y los nuestros, a nivel facial, mandibular y dental. Sin embargo, las tomografías realizadas por los científicos, así como el análisis de sus medidas en 3D, indicaron, según sus autores, que «la forma facial de los fósiles de Jebel Irhoud es casi indistinguible de la de los seres humanos modernos de hoy en día». «Demostramos que la cara, la morfología facial, evolucionó primero, y que la forma del cráneo vino después», afirma a LA RAZÓN Shannon McPherron, investigador del Max Planck.

Pero el «récord» de antigüedad al final es una simple cifra, insuficiente a todas luces para explicar la magnitud del estudio. Como afirma Jean-Jacques Hublin, del centro de Leipzig y primer investigador del artículo, los nuevos datos revelan que la «cuna de la humanidad» ya no se encuentra en el «este de África». «Tenemos que modificar la visión de cómo los primeros humanos modernos emergieron», aseguró Hublin a BBC News.

«No podemos situar Jebel Irhoud como el origen de la humanidad», afirma a este diario McPherron. «Más bien, sugerimos que hace 300.000 años hubo una expansión a lo largo de África. Se trata de un proceso panafricano que se dio por aquel entonces. Puede que haya habido un origen aún más temprano en algún otro lugar del continente, pero no disponemos de datos para afirmarlo en este momento. Nuestros descubrimientos introducen el noroeste de África dentro de la evolución de nuestra especie, tanto en lo que respecta a la biología como al comportamiento», añade el investigador.

Desde el Max Planck afirman que los resultados constituyeron una sorpresa... relativa. «Nos sorprendió averiguar lo viejos que eran los fósiles, pero, al mismo tiempo, había razones para pensar que podían ser así de viejos. Ya se sospechaba que tenían algunas características arcaicas que sugerían una edad más avanzada. Además, las herramientas de piedra asociadas a estos fósiles se conocen a partir de ese mismo período de tiempo en el este y en el sur de África», dice McPherron.

Así, los responsables de este hallazgo no creen, como dice Hublin, «que se haya descubierto un jardín del Edén en algún lugar de África. Nuestra opinión es que se trató más bien de un desarrollo gradual y que involucró a todo el continente. Así que, si hubo un jardín del Edén, ése fue todo África».

Lo que tienen claro es que los ojos de la comunidad antropóloga deben centrarse ahora en el norte del continente, un área «que se ha descuidado en los debates del origen de nuestra especie. Los espectaculares descubrimientos de Jebel Irhoud muestran las conexiones estrechas del Magreb con el resto del continente africano en el momento del surgimiento del Homo sapiens», afirmó Abdelouahed Ben-Ncer, investigador del Insap marroquí.

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