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Dos nuevos medicamentos se aprobarán en 2015

B. V. Conquero. 

Tiempo de lectura 4 min.

30 de diciembre de 2014. 00:12h

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España es uno de los países más avanzados en la introducción de tratamientos más efectivos para la cura del virus de la hepatitis C (VHC). A lo largo de 2014, tras meses de negociaciones, se aprobó la financiación del simeprevir, del laboratorio Janssen, en agosto. Esta molécula es capaz de inhibir la proteasa y, de acuerdo con su informe de posicionamiento terapéutico (IPT), por el que se rigen los médicos para prescribirlo, está indicado a pacientes que rechazan el interferón –uno de los primeros antivirales que se desarrolló, pero también de los que más efectos secundarios producen– y que necesitan medicación urgente. Y es que los estudios en este fármaco no demuestran su eficacia en personas trasplantadas, ni con cirrosis avanzada o a la espera de un nuevo hígado.

El sofosbuvir, de la farmacéutica Gilead, empezó a financiarse en España a partir del mes de noviembre. El Sovaldi –su nombre comercial– es uno de los más esperados por los pacientes, ya que, combinado con otros tratamientos, «obtiene una eficacia del 90 por ciento», afirma Nicolás García González, especialista de Medicina Interna y experto en este virus de la Clínica Universidad de Navarra. De acuerdo con el informe que publicó Sanidad en noviembre, este medicamento está dirigido a los pacientes en lista de espera para un trasplante, ya trasplantados o con una cirrosis muy avanzada.Y es que los enfermos cirróticos en fase F4 –la más grave–, los ya trasplantados o los que tienen contraindicado el interferón tienen pocas posibilidades terapéuticas, si no es con Sovaldi. «La realidad es que determinar a quién se debe dar el tratamiento y a quién no sólo está relacionado con el coste de éste. Actualmente es inasumible por lo que el Estado debe establecer pacientes prioritarios», explica el doctor García González. Pero recalca que «el coste anual de la hepatitis C para el sistema de salud es muy elevado porque muchos enfermos cirróticos desarrollan cáncer de hígado y sólo el periodo previo al trasplante cuesta unos 150.000 euros». Por ello, García González considera que una inversión importante en los nuevos tratamientos «sería coste-efectiva. Si se reserva sólo a los más avanzados no se evita que los menos graves lleguen a desarrollar cirrosis». Otro fármaco que Rubén Moreno, secretario general de Sanidad, anunció que España financiará a partir del próximo año es el daclatasvir, de Bristol. Es capaz de inhibir la proteína 5A, esencial en la multiplicación del virus. Las comunidades autónomas podrán solicitarlo a partir del 1 de enero, aunque éste aún no se ha incluido en la Estrategia Terapéutica que ha elaborado el Ministerio.

Como indica Jaume Bosh, presidente de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), el futuro «son los antivirales de acción directa», ya que en una sola pastilla engloban varias moléculas. Hasta ahora todos los tratamientos se dan combinados, es decir, que el paciente toma varios fármacos. Con el Harvoni –recientemente aprobado por la agencia del medicamento de EE UU (FDA)– se ataca al virus con la mezcla de dos moléculas (ledipasvir y sofosbuvir). En enero el Ministerio empieza a negociar su financiación. A éste le seguirá el Viekirax, que combina tres fármacos.

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