Sucesos

El infanticida de Málaga compró un bollo al niño antes de dejarlo morir

17:12 h. Ya en el pasillo de la entrada principal, continuó con la farsa y se dirigió a un vigilante
17:12 h. Ya en el pasillo de la entrada principal, continuó con la farsa y se dirigió a un vigilantelarazon

«Vi cómo Álex se hundía y trataba de subir empujándose con los brazos. Me fui. No lo saqué del agua porque estaba muy cabreado con Lourdes. Lo dejé allí, sin ayuda».

Un Ford Escort azul metalizado entró en el parking del Centro Comercial del Rincón de la Victoria, en Málaga. Avanzaba despacio, sin llamar la atención. A través del contraluz se dibuja una única silueta, aparentemente es la de un hombre conduciendo. Las cámaras de seguridad, a las que ha tenido acceso LA RAZÓN, comenzaron a registrar la secuencia a las 17:12 del 9 de febrero de 2015. Aparca el vehículo y sale corriendo en dirección a las escaleras mecánicas. Treinta segundos después de que las cámaras grabasen su entrada en el vehículo se le ve sólo. Sube corriendo desde el aparcamiento. Los investigadores creen que buscaba confundir a los testigos. «Un hombre que corre en un centro comercial con cara de angustia llama la atención. Él buscaba que le recordaran para tener coartada», apuntan personas cercanas a la Guardia Civil.

El centro está medio vacío, pero él corre mirando hacia los lados, hasta que da con un guardia de seguridad. Antonio Fernández Augusto, que es quien aparece en los vídeos, ha tardado 53 segundos en aparcar, subir dos plantas y llegar a la primera del Centro Comercial Rincón de la Victoria. Después invirtió un minuto más en localizar a Juan Antonio, el vigilante. A él, fingiendo un profundo estado de nerviosismo, le cuenta que ha perdido a un niño: «Se llama Alejandro. Tiene tres años y medio. Es rubio. Lleva botas marrones y pantalón y sudadera beige». En un principio, le cree. Los dos buscan como locos, gritando: «¡Álex!, ¡Álex!». El niño no aparece, y a Antonio el fingimiento se le va diluyendo con los minutos. El guardia sospecha y llama a sus compañeros del Cuarto de Control de cámaras para que avisen a la Guardia Civil.

Los agentes escuchan la versión de Antonio y, mientras éste espera, ellos repasan los videos. Las imágenes dictaminan que miente: al pequeño Alejandro no lo ha perdido en el centro comercial porque la secuencia demuestra que Antonio Fernández ha llegado solo. El caso se resolvió ese mismo 9 de febrero. Antonio confesó que se llevó al hijo de su pareja a los montes de Málaga: «Alejandro se subió por el murillo de la alberca. Saltaba y se agachaba. De repente, escuché cómo el niño se caía en el interior del pozo de agua redondo. Yo no lo empujé. Vi cómo Álex se hundía y trataba de subir empujándose con los brazos. Me fui. No lo saqué del agua porque estaba muy cabreado con Lourdes. Lo dejé allí, sin ayuda. Me fui corriendo al coche».

Prisión provisional

Desde entonces se encuentra en prisión provisional imputado por asesinato. Los tres meses entre rejas le han dado tiempo a pensar mucho y a elaborar una nueva estrategia de defensa con la esperanza de poder dejar pronto la cárcel a su espalda. Por eso, esta semana, Antoñito –que es como le conocen–, de 24 años, pidió declarar ante su Señoría para contar la verdad de una vez por todas. Sabía que tenía que desvirtuar la confesión que hizo ante la Guardia Civil, así que los acusó de drogarle con una pastilla para que hablara y también apuntó que dos agentes «abusaron de mí, me pegaron y uno me puso una pistola en la cabeza y me preguntó dónde estaba el niño. Le dije que en los acantilados y me advirtió de que, si le había mentido, regresaría a matarme».

Con estas dos acusaciones buscaba minar la credibilidad de los agentes de la Benemérita y convencer al juez de que lo que consta en su primera declaración no lo dijo él, sino que la parte que le perjudica fue una construcción literaria que añadieron los investigadores para perjudicarle. Lo que en verdad ocurrió fue que «el niño estaba en el mirador jugando con unas piedras grandes. Al bajar, le dije al niño que me cogiera de la mano, que se iba a caer, pero era muy cabezón y no me obedeció. Le dije: “Cuidado, que te vas a caer a la alberca. Dame la mano”, pero él se negó. Me di cuenta de que se había caído cuando escuché el ruido del agua. Me asusté y me quedé bloqueado. Vi cómo el niño estaba debajo del agua. Hacía mucho viento. Me fui corriendo de la alberca a buscar el móvil al coche para llamar a mi familia, pero no había cobertura. Me monté en el coche y me fui». Circuló unos kilómetros hasta que logró hablar con su madre. En su primera confesión reconoció que le había contado lo ocurrido, la alberca y el niño ahogado, pero esta vez cambió de versión: «Yo no le dije eso a mi madre. Estaba bajo los efectos de la pastilla que me había dado la Guardia Civil. Lo que le dije es que el niño se había perdido en el centro comercial, le mentí». Lástima que no se grabara la llamada, porque de haberse hecho, habría revelado la verdad, como con las imágenes de las cámaras de seguridad.

Nuevas imágenes

La Guardia Civil ha localizado más imágenes del día del crimen. Se trata de una secuencia en la que se ve a Antonio repostando en una gasolinera. Cuando entra a pagar, se le ve vigilando constantemente el coche donde está Alejandro esperándole. Finalmente compra unos Donettes para el menor. El envoltorio fue localizado en el vehículo tras la inspección ocular. Antonio se sabía bien la lección y se negó a responder a las preguntas de los abogados de los padres del menor, pero sí tuvo que mirar al juez y resolver sus dudas. Su Señoría le preguntó por qué a las 16:03 mandó un mensaje a la madre del menor diciéndole que estaba en el centro comercial ya con su hijo, cuando en realidad estaba en los Montes de Málaga. Antoñito se justificó en los celos de su pareja. «Iba a ver a un amigo que a ella no le gustaba y por eso le mentí».

Intercambio de «whatsapps» con el padre del niño

Como adelantó LA RAZÓN, el presunto asesino estaba obsesionado con la idea de que Alejandro, el menor ahogado, se fuera a vivir con su padre biológico para así dejarlos solos a él y a su pareja y madre del niño. De hecho, le mandó varios mensajes a través de WhatsApp presionando al padre para que se lo llevase. «Recógelo y quédatelo. [...] Yo te digo de llevártelo porque no está bien de la cabeza», le dice respecto a la madre. «¿Pero a mi hijo lo maltrata?», pregunta el padre. «Sí, lo tiene abandonado. [...] No quiere que veas a tu hijo. La madre dice delante de él que eres un psicópata», decía el infanticida.