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Ellos abandonan las aulas más que ellas

  • El 28,8% de los chicos dejó los libros en 2012, frente al 20,8% de las chicas Uno de cada cuatro jóvenes españoles no estudia nada

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Uno de cada cuatro jóvenes españoles entre 18 y 24 años deja los estudios antes de acabar la ESO, o bien la termina pero no sigue cursando Bachillerato o FP. El abandono temprano se situó en España en 2012 en el 24,9%, lo que supone un descenso de 1,6 puntos respecto al año anterior (26,5% en 2011) y siete puntos de diferencia si lo comparamos con 2008 en que desertaban de las aulas un alarmante 31,9%, según el último análisis realizado por el Ministerio de Educación basado en la Encuesta de Población Activa( EPA). El estudio incorpora los datos de 2012 a las tablas de los resultados basados en medias anuales de cifras trimestrales.

Los datos, sin embargo, siguen siendo desalentadores, ya que la distancia con la media de la UE (13,5% en 2011) es muy alta. De hecho, la duplica. Precisamente, el ministro de Educación, José Ignacio Wert, justifica la necesidad de una nueva reforma educativa basándose es estas descorazonadoras cifras. «Es grave que la mayoría de los jóvenes que ni siquiera ha titulado la ESO abandone, es una enfermedad muy grave, por eso me resulta incomprensible que esta circunstancia, que es una cuestión de sentido común, esté ausente en la argumentación de quienes se oponen a la ley. Es alarmante que el actual sistema produzca la exclusión de una cuarta parte de los estudiantes porque hoy quien abandona los estudios antes de haber conseguido algo superior a la titulación obligatoria realmente no está en unas condiciones mínimas de empleabilidad decorosa», manifestó en una entrevista reciente a LA RAZÓN.

Pero, pese al escandaloso porcentaje de abandono, ¿por qué son menos los que ahora se desenganchan del sistema? «Porque hay menos llamada del mundo del trabajo, no es tan fácil conseguir empleo y ahora hay más conciencia de que obtener un empleo depende en gran medida de la educación, explica el sociólogo Mariano Fernández Enguita.

El abandono de las aulas tiene, sobre todo, género masculino. Siguen siendo más ellos que ellas los que dejan los estudios. Y la diferencia es muy significativa, una situación que el ministro de Educación ha calificado de «preocupante». Así, en 2012, el 28,8% de los chicos abandonaron los libros, frente al 20,8% de chicas. Ocho puntos de diferencia que hacen necesario «estudiar a fondo cuáles son las causas que lo provocan», dice Fernández Enguita. El sociólogo cree que pueden intervenir varios factores que hagan cada vez más grande la brecha entre sexos: «desde el posible choque de lo que supone la masculinidad en la adolescencia o la perspectiva de una incorporación más temprana al trabajo por parte de los chicos, hasta un desarrollo mayor de las chicas a determinadas edades o la feminización de la docencia, lo que convierte a los centros en un lugar más extraño para ellos que para ellas».

Los colegios que educan a niños y niñas en aulas separadas tienen claro por qué se produce más abandono de hombres que de mujeres. «La causa está en la forma distinta de aprender de unos de de otros. De hecho, las técnicas de neuroimagen funcional ponen de manifiesto que si bien tanto los hombres como las mujeres somos capaces de resolver un mismo problema, llegamos a la solución de manera diferente», explica Carlos Martínez, director del colegio de educación diferenciada Juan Pablo II de Alcorcón (Madrid). «En la adolescencia las diferencias se aprecian mucho en el aula, tanto a nivel de conducta como de aprendizaje. Pero, al final, ante esta diversidad, terminan dándose unas clases más adaptadas para las chicas y el varón es el que sale perjudicado. Por eso, un profesor necesita tener un grupo lo más homogéneo posible. De ahí que los colegios diferenciados tengan mejores resultados y el índice de fracaso sea menor, porque el axioma de la misma educación para todos no sirve y en esto muchos países están de vuelta».

Jesús María Ezponda, director del colegio diferenciado Miravalles-El Redín, de Pamplona, cree que «la clave es que existen diferentes ritmos madurativos físicos, psicológicios y evolutivos en las mismas edades entre chicos y chicas que se palpan sobre todo en la adolescencia. Los niños son más inquietos, más movidos, más competitivos; las niñas son más maduras, más responsables, más cooperativas». A esta circunstancia se añade que «la mayor parte del profesorado en España es femenino en unos porcentajes superiores al 80%, pero los chicos necesitan clases más activas, con más actividades y con duración limitada, mientras que las niñas tienen precisan otro esquema».

Sin trabajo

La mayor parte de los jóvenes abandona sobre todo entre los 18 y los 22 años, pero llama la atención el hecho de que estar trabajando no es el principal motivo. En 2012 dejaron los libros el 0,3% de los que trabajaban, una circunstancia que podría justificar su decisión. Sin embargo, el 15,6% decidió abandonar sin tener nada que hacer. «Los datos demuestran que la causa principal de la deserción no es el atractivo que pueda tener el mundo laboral para un alumno, sino la repulsión del mundo escolar», sentencia el sociólogo Fernández Enguita.

Con peores notas

No es la primera vez que se ponen sobre la mesa los malos resultados educativos de los chicos en comparación con las chicas. En 2011, el Consejo Escolar del Estado ya analizó un informe sobre los resultados académicos desagregados que llamaban la atención sobre la preocupante desingualdad por sexos en cuestión de rendimiento escolar. Los chicos no sólo tienen más dificultades que las mujeres para pasar de curso, también acumulan más suspensos, repiten más y se gradúan menos. A los 15 años, el 48% de los varones no está en el curso que le corresponde, es decir, ha repetido uno o dos años. Esa diferencia se observa ya desde los 8 años (segundo curso de Primaria), donde un 5% de las niñas y un 7% de los niños se encuentra en cursos inferiores a su edad. La cosa no mejora en la Secundaria postobligatoria, donde también se aprencian grandes diferencias. Las mujeres, además, tienen mejor rendimiento en todas las etapas.

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