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Francisco Núñez: 112 años, ocho meses y dos días

Natural de Bienvenida (Badajoz), es ahora mismo el principal candidato a ser, oficialmente, el hombre vivo más longevo del mundo

  • Francisco muestra la cartilla militar, clave a la hora de demostrar su fecha de nacimiento
    Francisco muestra la cartilla militar, clave a la hora de demostrar su fecha de nacimiento / Fotos: Charles Ragsdale
J.V. Echagüe Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de agosto de 2017. 02:14h

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J.V. Echagüe Madrid. 15/8/2017

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A lo largo de su vida se han sucedido tres monarquías parlamentarias, dos dictaduras militares, una república, dos guerras mundiales, una civil y otra contienda contra Marruecos de la que, además, fue partícipe. El año en que nació se acababa de aprobar por ley en España el descanso dominical y Theodore Roosevelt era reelegido presidente de EE UU. Todavía quedaban unos meses para que Einstein publicara su Teoría de la Relatividad Especial, 30 años hasta que se fabricara el primer ordenador y casi siete décadas hasta que dos personas lograran el hito de comunicarse a través del primer móvil. Los ojos de Francisco Núñez Olivera, conocido como «Marchena», vecino de Bienvenida (Badajoz), han visto transcurrir, hasta hoy, 112 años, ocho meses y dos días. Vio la luz el 13 de diciembre de 1904. Y tras la muerte, este viernes, del israelí Yisrael Kristal, de 113 años, ya es, extraoficialmente, el hombre más longevo del planeta.

Y decimos «extraoficialmente» porque acreditar la edad de los supercentenarios supone una labor casi arqueológica. La organización del Libro Guinness de los Récords es la encargada de otorgar su validez. Pero para la investigación de los documentos oficiales que revelen la fecha clave, delega en el Gerontology Research Group (GRG). «No tenemos dudas de que Francisco es el ‘‘abuelo del planeta’’», asegura a LA RAZÓN Emilio Ibañez, delegado español del GRG. «Pero la organización del Guinness exige un documento oficial perteneciente al candidato que, en el momento de expedirlo, tuviera menos de 20 años», explica. En el caso de Francisco, el primer documento data de cuando tenía 21 años: su cartilla militar. Su partida de nacimiento se perdió tras un incendio en la Guerra Civil. De ahí que el GRG esté indagando en fuentes como el Archivo Diocesano de Mérida-Badajoz para poder probar, definitivamente, que este pacense es el hombre vivo más longevo.

Así este récord correría a día de hoy a cargo del japonés Masazou Nonaka, de 112 años. Pero la organización del Guinness aún debe dirimirlo. Hay que subrayar, eso sí, que hablamos del récord en varones: en el listado de las personas más longevas, las 42 primeras son mujeres, con la jamaicana Violet Brown a la cabeza: 117 años y 156 días.

Con todo, no es la primera que el nombre de Francisco se baraja como el del hombre más longevo. «Cuando se lo hemos dicho, nos dijo: ‘‘¡Eso ya lo sabía!’’», afirma su hija, María Antonia. De los cuatro hermanos, María Antonia, a sus 81 años, es una de las dos hijas del supercentenario que siguen vivas. Su mujer le abandonó hace casi 30 años, a la edad de 80.

El viernes, el fotógrafo Charles Ragsdale, que contó con Francisco para una exposición sobre supercentenarios españoles, fue quien le confirmó la noticia a María Antonia tras la muerte de Kristal. «Fue toda una sorpresa. A ver, no queríamos que ese señor se muriese. Le llegó la hora y ya está», dice la hija.

Mientras hacía el servicio militar en Marruecos con poco más de 20 años, Francisco fue llamado a filas para luchar en la Guerra del Rif. Allí conoció a un teniente coronel que lo empleó como asistente. Iba tan elegamente arreglado que todos los que le visitaban le comparaban con el cantaor Pepe Marchena, por lo que se ganó su nombre como apodo. Comenzó a trabajar en el campo, en terrenos ajenos y propios, a los 7 años. Lleva jubilado 47 años.

«De salud está muy bien, pero su cabeza no le responde como antes. Físicamente, tiene las facultades muy mermadas. Le preguntas, y ya no te contesta. Hasta los 107 años, salía solo de casa, iba al bar a jugar una partida con sus amigos... Ya no, le cuesta mucho andar», dice María Antonia. Apenas toma tres pastillas diarias, nunca ha fumado –«al menos que yo lo haya visto»– y, como es habitual en los pueblos de la región, ha consumido a lo largo de su vida muchas legumbres. María Antonia y su hermana, de 78 años, le cuidan a la par. Le levantan sobre las 8:30 de la mañana, lo asean, le dan el desayuno... Todo el alimento está triturado: no le quedan dientes, y las encías ya están muy gastadas. «Come muy bien. Le damos potitos, o carne, pescado, patata, arroz... todo triturado. De noche, cena cereales», dice. A las 20:00 horas lo acuestan. Y así, un día más.

Hábitos saludables, genética... los que le conocen creen que atesora otro «secreto» que le ha permitido vivir tanto: odia discutir. «Sobre todo de política o de fútbol. Cuando veía a los futbolistas, ganando tanto dinero y tan afamados, le ponía de mal humor», dice su hija.

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