sábado, 24 junio 2017
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Sociedad

Sociedad / Incendio en Portugal

«Intentaban escapar del infierno y se adentraron en él»

  • Laurinda Pires buscaba a su cuñado de forma desesperada: «De repente, se vieron rodeados». Familias enteras quedaron atrapadas en un huracán de fuego

Las llamas junto a la iglesia de Pampilhosa da Serra
Las llamas junto a la iglesia de Pampilhosa da Serra

Los testimonios que iban llegando ayer desde Pedrógrão Grande revelaban un escenario apocalíptico en el que el terror y la confusión lo dominaban todo. Diferentes testigos hablan de un huracán de fuego que arrasó por la zona boscosa, avanzando con una rapidez que nadie conseguía entender, obligando a muchas personas desesperadas a partir en una caravana con un destino mortal.

«El pánico era absoluto», afirmó Laurinda Pires ante los medios lusos. Vecino de Figueiró dos Vinhos, vio cómo su cuñado partía por la carretera nacional 236, donde más de medio centenar de personas perdieron la vida durante la tarde del sábado, calcinados en los coches en los que viajaban. «Veíamos que se acercaban las llamas y la gente no sabía dónde meterse. Algunos intentaron escapar del fuego por la carretera, en sus coches. No sé si es que se perdieron o se metieron por ese camino en un último intento de alejarse del fuego, pero en nada se vieron rodeados, alcanzados por las llamas».

Pires teme que su cuñado, del que no sabe nada desde ayer, haya perecido junto a tantos otros. «Mi vecina, que también cogió su coche, pero que logró salir de la zona, me dice que le vio meterse por esa carretera. Pobre hombre, pobre hombre...», repite conmocionado.

Otros supervivientes destacan la rapidez con la que avanzaba el incendio, propulsado por un fuerte viento que devoraba la masa forestal seca que rodeaba las aldeas de la zona.

«Las llamas se movían a una velocidad alucinante; parecían estar a varios kilómetros, y un minuto más tarde las encontrabas a tus puertas», describió Henrique Carmo, residente de la aldea de Adega, en declaraciones a los medios lusos. «En cuestión de segundos el incendio devoró mi casa. No queda absolutamente nada. Estoy vivo, pero arruinado».

Ánibal Costa, vecino de Pedrógrão Grande, actualmente refugiado en un centro de acogida a las afueras de la zona de exclusión, asegura que «el fuego volaba». «Nunca he visto cosa igual. Tuvimos el tiempo justo para salir de casa antes de que empezara a arder toda la zona de la cocina, el salón. Salimos corriendo y después de un kilómetro encontramos bomberos que nos evacuaron hasta aquí». A última hora del domingo varias decenas de personas esperaban en las barreras que actualmente cortan el acceso a la zona de exclusión, deseando recibir noticias de los familiares que siguen dentro de esa frontera, a merced del incendio.

«Llevo aquí desde primera hora de la mañana», afirma Marco Oliveira. «Mi hermana vive en Castanheda y no sé nada de ella. Los policías no me dejan pasar, dicen que es demasiado peligroso, pero ya les he dicho que me da igual, estoy dispuesto a ir a pie para ver si ella está bien».

Junto a Oliveira, otros muchos vecinos mantenían una guardia inútil, a la espera del permiso de los agentes para volver a sitios que ya no existen.

«Un vecino me ha dicho que no queda nada del pueblo, que lo hemos perdido todo», asegura João Marques. «El fuego lo ha devorado todo. Todas las casas, algunos vecinos que seguían dentro de ellas... Todo».

Ante los medios, muchos de los afectados ya se quejaban de la falta de medios disponibles para atender la zona en una época en la que los incendios son tan frecuentes. «Vale que todo haya sido por causa de un relámpago, ¿pero realmente costaba tanto tener bomberos listos para responder?», afirma Marques. «Tenemos incendios aquí cada año, y nos hemos quedado como tontos esperando refuerzos desde Lisboa. Alguien tiene que pagar por esto, han muerto 60 personas. No puede ser».

Mientras, en las redes sociales, todo el pueblo de Portugal se movilizó por la tragedia. «Agua, leche, barritas energéticas... todo para nuestros héroes», escriben los internautas que recogen comida para los bomberos, a los que consideran sus héroes nacionales.

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