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Mabel Lozano: «El proxeneta me dijo: “Ninguna mujer nace para puta, le damos caza”»

En su primer libro, «El proxeneta», accede a la trastienda de la trata en España.

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Marta Robles. 

Tiempo de lectura 8 min.

26 de noviembre de 2017. 00:21h

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Marta Robles.  25/11/2017

La frase que titula esta entrevista es la misma que Miguel, alias «el músico», le dijo a Mabel Lozano cuando ésta aceptó entrevistarlo una y mil veces para que, por primera vez, se escuchara la voz de un proxeneta. Después de años intentando acceder a la trastienda de la trata, de pronto, un día, la cineasta recibió la llamada de un esclavista que había traído a España a más de 1.700 mujeres, a las que consideraba tan de su propiedad como la botella de coca-cola por la que pagaba. «No pensaba que fueran personas como yo –le dijo el proxeneta–. Eran otra cosa. Eran putas». Ahí empezó a gestarse la historia que recoge Mabel Lozano en su primer libro, «El proxeneta» (Al revés), donde aporta un testimonio nuevo e inédito. «Y no es la voz de un cafishio argentino o un chulo de cualquier otro país –cuenta Mabel–, sino la de un tratante y explotador español que encarceló a mujeres en clubes de lujo durante años y las convirtió en máquinas expendedoras de dinero. Desde su llamada hasta nuestro primer encuentro no pude dejar de pensar en cómo sería alguien capaz de violar, vejar, someter mediante el terror y las amenazas y comprar y alquilar a un ser humano». La documentalista se esperaba al malo de turno, pero se encontró a un hombre arrepentido, que llevaba años colaborando con la policía para desarticular las redes y al que, pese a haber pagado por sus pecados, le pesaban tanto como para querer contarlos. «Sí, porque aunque fue a la cárcel tres años por captar y explotar a esas 1.700 mujeres y niñas, como él mismo reconoce, con él se cumplió la ley, pero no se hizo Justicia».

Ni con él, a quien tan baratas le salieron sus fechorías, ni, por lo que se ve, con sus ex socios –que mantienen los puticlubes abiertos y a pleno rendimiento– o con sus inimaginables cómplices: médicos, abogados, alcaldes, policías, banqueros, periodistas. «Estamos hablando de crimen organizado, de una auténtica mafia. No son cuatro macarras vendiendo prostitutas. Se trata de un negocio multimillonario –más rentable incluso que el de la droga– que necesita complicidades en todos los sectores», afirma Lozano. Le digo que parece que hay malos en todas partes. «En todas las casas hay un garbanzo negro. Y ellos lo buscan y lo encuentran. Y si no, son los propios delincuentes tapados, que existen en todas las profesiones respetables, quienes se les ofrecen para poder llevarse una parte del suculento pastel. Son imprescindibles para el negocio, porque los proxenetas necesitan conocer las leyes para poder adelantarse a ellas y seguir cumpliendo con sus cometidos».

«El proxeneta» descubre también que la trata funciona en España desde hace veinticinco años, desde las olimpiadas de Barcelona. Habrá quien piense que este problema no tiene solución. «Es muy difícil, se necesitaría una transversal que exigiría políticas sociales en los países de origen; pero lo veo muy complicado porque la brecha entre ricos y pobres en Latinoamérica es enorme. Tú vas a Paraguay, Brasil o Colombia y te encuentras en una acera con chabolas y niños que no van al colegio y en la de enfrente mansiones donde sirven mujeres vestidas con cofias y guantes blancos. La brecha social es tan grande que son muchas las personas que quieren buscar una oportunidad. Y de eso se aprovechan los esclavistas y los malvados para atraparlas, engañarlas y atarlas con una deuda que jamás podrán pagar. Por eso son tan importantes las políticas sociales en los países de tránsito y destino, y las leyes. Porque en España estamos en el segundo plan contra la trata, pero no es una ley, es un plan. El proxenetismo consentido no está tipificado, hay periódicos que tienen anuncios de contacto todos los días y cero información para los chavales».

Si alguien piensa que la salida está en la legalización de la prostitución, que lo descarte. Lozano lo deja claro en su libro. «Era necesario que se supiera que detrás de Anela ( Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne), se encuentran precisamente los proxenetas. Porque cuando apareció en escena, los medios de comunicación se rifaban a su presidente y querían tenerlo en sus teles, en sus radios y en sus periódicos. Este tipo presentaba la asociación como si fueran los buenos de la película, mientras desde ella se financiaba a grupos de presión en favor de legalizar la prostitución, algo que a los proxenetas les serviría para poder traerse a las mujeres con muchísima más impunidad. No hubo medio que no diera cabida a Anela y que no quisiera entrevistar al periodista que Anela tenía contratado y que, aun sabiendo perfectamente lo que escondía la asociación, defendió en un libro que las mujeres estaban recogiditas y encantadas en los clubes. Tuvo muchísimo éxito. Ahora, cuando los responsables de los medios leen “El proxeneta”, el tema les parece un escándalo».

También resulta escandaloso descubrir que los esclavistas llegaron a apostarse la propiedad de las víctimas y hasta un coche para quien se trajera más chicas de una tacada. «Ese es un capítulo de humor negro. Berlanguiano. Pura comedia, si no fuera tan brutal. Todos buscaban la manera de poder traerse de golpe a un montón de chicas y a Miguel “el músico” se le ocurrió vestirlas con un chándal oficial, para que llegaran al aeropuerto de Madrid convertidas en la selección nacional femenina de Taekwondo de Colombia, donde, por cierto, no existía ninguna federación de artes marciales. Las 19 chicas, que jamás pisaron un tatami, fueron recibidas por quien había ideado el plan y llevadas a un club de Valdepeñas. Como Miguel fue quien consiguió traer a más mujeres al tiempo se quedó con ellas y con un BMW». Y todo gracias a la demanda. A los clientes. Y los había –y los hay– de todo tipo: altos, bajos, ricos, pobres, cultos, analfabetos, famosos, anónimos. ¡Parece que todos los hombres son puteros! «Todos no, pero sí un porcentaje bastante alto. Lo reconoce el 38 por ciento, pero muchos se lo callan. Por eso yo nunca manejo estadísticas. Cuando hablan de dieciocho mil mujeres en situación de riesgo es la punta del iceberg, porque se refieren a las que denuncian, que son muy pocas, así que la cifra es muy poco fiable. Está claro que los clientes son muchos y por eso se mueve tantísimo dinero. Y la reflexión es que son hombres normales, que tienen familias, hijos, son buenos padres, buenos vecinos. Y esos hombres, que no son extraterrestres, cuando van tres veces a un club y ven a las mismas mujeres enseguida reclaman carne fresca. Incluso menores. Ellos demandan y por eso hay oferta. Hombre, si a mí me preguntas si me parecen normales te digo que no, pero nos relacionamos con ellos cada día». Sorprende mucho que entre esos clientes quepan también los jóvenes, con lo fácil que es el sexo para ellos. «Eso es porque los proxenetas, como se cuenta en el libro, luchan contra las campañas de sensibilización contra la trata con otras de marketing en las que invierten mucho dinero. Consiguen que los jóvenes relacionen la prostitución con el ocio y poco a poco los convierten en clientes. Cuidan mucho su negocio».

asomarse al abismo

«El proxeneta» comienza con una frase de Nietzsche que habla de los monstruos y advierte: «Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en un monstruo». Tal vez eso sea a lo único que le teme la valiente Mabel Lozano, capaz de enfrentarse a todos los malos. «Es una frase que me dijo un amigo hace años, cuando le enseñé lo que había rodado para el documental “Tribus de la Inquisición” –ahora nominado a los Goya–, donde se veía cómo quemaban vivos a unos chicos y a sus madres hablando de ellos después. Me dijo: “Ten cuidado, te relacionas con monstruos todo el día y esto contamina mucho, aunque no seas consciente”. Es verdad. “Cuando te asomas al abismo, el abismo mira dentro de ti”. Así que la advertencia es para mí misma. Algo que no quiero ni puedo olvidar».

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