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Sociedad / Sanidad

Matesanz: «El trasplante de cerebro sería la panacea»

  • Rafael Matesanz / Director de la Organización Nacional de Trasplantes

  • «El mago de los trasplantes» se jubila. Quiere ejercer de abuelo. Se despide con una advertencia: «El turismo de órganos puede convertirse en una avalancha y todo el que necesite un riñón terminaría en nuestro país»

Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes
Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes
Jesús G. Feria

Le cuesta pasar del usted al tú. No es que sea un hombre serio sino más bien introvertido. Bateado. ¡Ah! y muy cabezota. Rafael Matesanz (Madrid, 1949) sabe que su tozudez también es la responsable de su éxito. Hace 28 años se fijó como meta lograr un sistema nacional que coordinara la donación y el trasplante de órganos. No fue fácil. Los políticos no son de ceder, pero él lo logró. «Hemos conseguido convertirnos en un cortafuegos político para todo el sistema de trasplantes, aunque ha costado muchísimo y no siempre hemos salido ilesos de la aventura, pero ahí están los frutos». Resultados para los que faltan adjetivos. «Estratosféricos», «de récord»... «Vamos a tener que inventarnos una nueva palabra porque van a seguir creciendo», bromea el nefrólogo. Este año se cumple el cuarto de siglo como líderes mundiales y deja su puesto en ascenso. Se jubila para pasar más tiempo con su nieta. «Quiero ejercer de abuelo».

–Se va dejando la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) como líder mundial. Un desafío para el que llega...

–(Intenta restarle importancia con gestos) Bueno... la dejo como líder mundial, pero además en subida y eso es mucho más importante. Si ya terminamos el año anterior con cifras récord, impensables, en el primer mes de este año, ya tenemos un incremento de un 27% de donantes y más de un 30% de trasplantes, en relación con el primer mes del año anterior que ya fue fortísimo. Es el mayor aumento en toda la historia de un primer mes. Esto demuestra que las cifras no son casualidad, sino que hay una tendencia muy clara y que va a seguir creciendo. Estoy seguro de que 2017 se va cerrar con cifras mucho más récord que el pasado. En ese sentido mi sucesor no va a tener sustos ni mucho menos (ríe).

–Es difícil que esta trayectoria cambie.

–A corto y medio plazo no lo va a hacer por una razón: nosotros establecimos las bases del modelo español hace muchos años, con ellas se llegó a un límite de 33-34 donantes por millón, que nos ha costado mucho sobrepasar. Pero en 2008, coincidiendo con cambios epidemiológicos como el descenso de los accidentes de tráfico, establecimos nuevas estrategias que nos permitieron mantener esa cifra y elevarla.

–La crisis se convirtió en una oportunidad.

–En tiempos complicados impulsamos dos nuevas estrategias y han ido creciendo. La donación en parada cardiaca este año ya representa la cuarta parte de los donantes y que estimamos que puede llegar hasta un 35-40% de los donantes. No hay límite. Sólo el primer mes de este año ya ha subido un 80% con respecto al mismo mes del año pasado, mientras que las donaciones por accidentes de tráfico seguirán bajando. En 1992, el primer año en el que tenemos datos fiables, estaba en un 43%. Prácticamente todos los donantes provenían de los accidentes en carretera.

–¿Cuál es la otra vía de expansión?

–La detección de donantes en urgencias. Empezamos hace diez años a entrenar a médicos de este servicio y ya están formados más de 8.000. Las cosas no se improvisan. Estos donantes representaron el año pasado el 24%.

–¿Es usted «el milagro» de los trasplantes?

–El milagro es más bien el del sistema que hemos conseguido, a mí me llaman otras cosas (ríe con rubor). En Francia, la Prensa me calificó como «el mago de Madrid», luego leí otro titular en Italia en el que me denominaban «el mago de los trasplantes» y en España también me lo han llegado a decir. Lo del milagro español es una cosa de los franceses, de los años 90, cuando vieron que España despegaba de forma espectacular y que les superaba. Aquello fue una sorpresa espectacular para todos.

–¿Qué tiene España que le falta al resto de países?

–Organización.

–Parece sencillo...

–Hay otras cosas que hacen posible que tengamos tanto donante, pero también están presentes en otros países, como la generosidad de la población, que es algo obvio. Si preguntas a ciudadanos de los 28 países si donarían sus órganos después de morir la media afirmativa está en 56%. En España el porcentaje es de 57%, mientras que los suecos lo afirman un 84% . Los que están más a favor tienen una tercera parte de donantes que nosotros, por eso sabemos que no hay una relación directa entre esa predisposición y que seamos el número uno. Hay otro tema muy importante que es tener un Sistema Nacional de Salud como el que tenemos nosotros, con cobertura universal. Así puedes pedir a la gente que done porque ellos también lo pueden necesitar. Eso nos diferencia de América latina o Estados Unidos. Al final lo que marca la diferencia es el sistema de gestión integral de todo lo que es la donación y el trasplante. Hay que tener personas muy bien entrenadas, coordinadores en todos los hospitales y una organización como la ONT que lo que hace es entrenarlos, implementar protocolos... La ONT al final es una agencia de servicios para todo el SNS en materia de donación. Nos encargamos hasta de las modificaciones legales.

–¿No debería hacerse lo mismo con otras áreas del SNS?

–Sin duda, se debería y se podría. Yo tengo una experiencia muy clara. Cuando estuve en la Toscana (Italia), además de organizarles la donación que, por cierto, está en cifras mejores que la española (ríe). Lo hice con la Oncología. Les cree un sistema en red que en España tendría perfectamente cabida. Lo que hicimos era organizar todos los recursos para que pudiera atender a la población de forma más ágil, llevar al paciente de la mano al sitio más adecuado. Aquí he tenido varias conversaciones con oncólogos y coinciden conmigo en que un sistema en red podría funcionar. El esquema es el mismo que con los trasplantes. El modelo de la ONT también se podría aplicar a la enfermedades raras. Es más, las organizaciones lo han pedido varias veces al Parlamento. Es evidente. Se puede hacer, pero también hay que quererlo.

–Ahora que los trasplantes ya son internacionales, pueden llegar donaciones de médula de cualquier parte del mundo, ¿preocupa un posible cambio en las relaciones entre paíse como puede ocurrir con la reciente llegada de Trump?

–No puede. En trasplantes somos nosotros los que les enseñamos a ellos, no a la inversa. De hecho, la última publicación en «American Journal of Transplantation» reconoce, por parte de los propios norteamericanos, que si ellos nos imitaran, conseguirían más donantes. Allí tienen muchos más accidentes de tráfico y más donantes por herida de bala, pero no explotan los donantes de edades más avanzadas. Allí los mayores de 65 años sólo representan un 5% y nosotros tenemos muchísimos. Ellos sólo quieren los jóvenes. Eso sí, su sistema es muy eficiente. No se parece nada al nuestro, pero pueden adaptar algunos de nuestros éxitos.

–¿Existe hoy algún órgano irremplazable, pero que sí se consiga en un futuro?

–El cerebro.

–¿Será viable?

–Sería reemplazable si supiéramos conectar las fibras que salen del sistema nervioso central con la médula, mientras no sea así... Aún estamos lejos, aunque ya nos gustaría porque eso significaría poder curar las tetraplejias y paraplejias.

–Pero algunas partes ya se trasplantan...

–Sí, células como las productoras de dopamina para el párkinson, pero no en su totalidad... (reflexiona) Aunque en realidad se trasplantaría el cuerpo al cerebro y no lo contrario. Y no es ninguna tontería.

–Me puede poner un ejemplo.

– Fíjate lo que significaría para personas como Stephen Hawking, con un cerebro privilegiado, al que le puedas trasplantar un cuerpo sano. O muchas enfermedades vegetativas que estropean el cuerpo de forma motora, pero con el cerebro sano. Podría ser una forma de tratamiento insuperable, pero estamos lejos de conseguirlo. Conceptualmente sería la panacea.

–¿Le inspiran confianza los órganos creados en impresoras 3D?

–Creo que se ha exagerado mucho. Está muy bien, pero sólo para órganos huecos o planos. Hoy por hoy crear un corazón con este sistema es inviable. Realmente para lo que sirven es para crear vejigas, uretras, tráqueas, piel... Y esta última dentro de un orden porque las que se han creado hasta el momento no son pieles completas, aunque son inventos muy útiles, valiosísimos, pero no son piel tal cual y es mucho más complejo que dermis y epidermis. De ahí a pensar que vamos a darle al botón de una impresora y que nos va a salir un hígado... hay cierta distancia.

–¿Y crear órganos en cerdos, como lo que está intentando el científico Juan Carlos Izpisúa?

–Su vía es muy complicada, pero ya ha logrado demostrar que la quimerización es posible, que la mezcla y la convivencia de células humanas y de cerdo es viable en una etapa embrionaria.

–Y pensar que es lo podía haber desarrollado en el Centro de Medicina Regenerativa que querían crear juntos...

–Sí, lo podría haber hecho. Él tiene muchas vías de trabajo abiertas y algunas mucho más importantes que esta. Es un genio. El desarrollo de una herramienta contra la retinosis pigmentaria es mucho más cercano y puede ser de una importancia tremenda. Es un científico de Premio Nobel. Seguro que está en las listas.

–¿Se puede hablar de una edad máxima para recibir un trasplante?

–No, ha cambiado por completo, de forma progresiva. En los años 70, cuando yo empecé, pensaban que una persona de más de 50 era muy mayor para recibir un trasplante de riñón porque los riesgos eran muy altos por la medicación y por eso no merecía la pena. Hoy, el riñón es donde se ve más claramente el cambio. Tenemos en el registro que en ocho comunidades autónomas hay enfermos trasplantados de más de 80 años. Admitir a pacientes de más de 80 para riñón y de 70 y muchos para hígado, corazón o pulmón se ha generalizado. Además, la posibilidad de rechazo del órgano es bastante menor en la gente mayor porque los jóvenes tienen un sistema inmunológico mucho más activo. Hoy se puede decir que no hay edad para la donación, ni edad para recibir un trasplante. No es un problema del DNI, si no de cómo tiene las arterias, de cómo está en general y de si puede aguantar la operación.

–¿El tráfico de órganos es un problema para España?

–Ahora mismo no, pero siempre debemos estar al tanto porque los casos que hemos detectado demuestran que incluso en los países donde todo parece más seguro, puede surgir este problema. Pero la red está alertada y los dos casos sirvieron de vacuna. Otro tema más peligroso y uno de nuestros mayores riesgos es el turismo de trasplantes, que es primo hermano.

–¿Por qué supone un peligro?

–El hecho de que tengamos sobreabundancia de trasplantes hace que estemos en el punto de mira de gente que puede intentar aprovechar cualquier rendija legal o ilegal para entrar en nuestras listas de espera. Creo que vamos a tener que hacer alguna modificación legal para blindar más nuestro sistema.

–Es un desafío importante...

–Exacto,porque es muy difícil en un mundo global distinguir entre el que viene a España a residir y enferma aquí, de los que vienen exclusivamente a trasplantarse. Es un problema y tendremos que requerir un mínimo de estancia en España y una serie de circunstancias para evitarlo porque va en detrimento de nuestros ciudadanos. No se puede tolerar. Si se permite, se puede convertir en una avalancha porque estamos en el punto de mira y todo el que necesite un trasplante, un riñón, puede terminar en nuestro país.

–¿Bajaría la donación?

–Porque se trasplanten tres o cuatro de fuera no, pero si se generaliza los españoles lo van a tolerar mal. Puede bajar el número de donantes, ya ha ocurrido en algún país y se produce crisis de donación. Ellos piensan en donar, pero no si es de forma fraudulenta. Es un reto a medio y largo plazo.

–¿La relación, cada vez más estrecha, entre la sanidad privada y la pública fortalece nuestro sistema?

–En lo que se refiere a los trasplantes, es básico que lo que se refiere a órganos se mantenga en exclusiva en la sanidad pública. El privado se compagina mal con este tipo de intervenciones. La gestión de ninguno de los brazos se puede privatizar. Podría llevar al traste todo el sistema.

–¿Los políticos deberían tomar ejemplo de la ONT?

–Sin duda, nosotros lo que hacemos es dialogar con todo el mundo (ríe). Por eso te decía que el ejemplo de la ONT es aplicable a todos los campos.

–Algún momento de aburrimiento...

–Aburrido no, difíciles muchos... Con esto de los trasplantes no te aburres, pero sí que me he tenido que hacer un poco político.

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